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El término realismo se utiliza en muchas áreas, entre las que destacan pintura, fotografía, cine, literatura y filosofía.
Como corriente literaria y pictórica europea se dio entre 1850 y 1900. Se caracteriza por la observación rigurosa de la realidad (de ahí el nombre), el objetivismo, la temática extraída de la vida e intereses de la clase social burguesa y por la veracidad absoluta en la descripción y creación de personajes. Por otra parte, el realismo es también una constante estética que ha tenido diversas formulaciones a lo largo de la historia y así puede hablarse ya de realismo en la novela picaresca o en Miguel de Cervantes, o puede hablarse de distintas versiones a lo largo de la historia de la literatura, por ejemplo, durante el siglo XX, el realismo socialista o el realismo sucio estadounidense.
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La estética del Realismo, fascinada por los avances de la ciencia, intenta hacer de la literatura un documento que sirva de testimonio sobre la sociedad de su época. Por ello le fascina todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a los personajes extravagantes o insólitos. Esta estética propugna a su vez una ética, una moral fundamentada en la moderación y síntesis de cualquier contradicción, la objetividad y el materialismo.
En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, el uso del párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción casi magnetofónica del habla popular tal cual se pronunciaba y sin corrección alguna que pretenda idealizarla y el uso de un estilo poco caracterizado, un lenguaje "invisible" que exprese sin llamar la atención sobre el escritor.
El Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (José María de Pereda, Juan Valera), y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas "Clarín").
El origen del realismo literario europeo hay que irlo a buscar en la literatura española medieval y la novela picaresca española y, en concreto, en la versión que configuró sobre esa tradición el novelista Miguel de Cervantes. El desmitificador modelo cervantino influyó poderosamente en la literatura europea posterior, pero el descrédito por el que pasó el género narrativo durante el siglo XVIII aplazó su influjo hasta bien entrado el siglo XIX.
La novela realista europea es la épica de la clase media o burguesa que ha conseguido —a lo largo de sucesivas revoluciones que le han ido confiriendo cada vez mayor poder (1789, 1830 y 1848)—, instalarse como clase dominante en todos los aspectos de la vida, incluido el cultural y el estético. Poco a poco, cuando se vayan reiterando y agotando los temas relativos a la burguesía, la descripción realista irá penetrando en otros ámbitos y dejará la mera descripción externa de las conductas para pasar a la descripción interna de las mismas, volviéndose novela psicológica y creando procedimientos narrativos introspectivos como el monólogo interior.
En Francia fueron escritores realistas Henrý Beyle, "Stendhal", Honoré de Balzac, Prosper Merimée o Gustave Flaubert. En el Reino Unido, William Thackeray, Charles Dickens y George Elliot; en Rusia, Iván Turguéniev, Lev Tolstói y Fiódor Dostoievski. En Estados Unidos, Mark Twain y Henry James. En Italia, el movimiento se denominó verismo y tiene a su más caracterizado representante en Giovanni Verga. En cuanto a la literatura escrita en alemán pueden considerarse realistas el suizo Gottfried Keller y los alemanes Albert Bitzius (que utilizaba el seudónimo Jeremías Gotthelf), Hans Theodor Storm y Wilhelm Raabe, aunque esta estética todavía continuó renovándose durante el siglo XX a través de la obra literaria de Thomas Mann.
Véase también Naturalismo
El término realismo es mal interpretado con facilidad en su aplicación a la filosofía. No significa ni defensa de un mundo natural, ni oposición al idealismo (el opuesto de éste sería, en todo caso, el empirismo), ni siquiera está ligado de forma directa o explícita con la verdad. Las tesis fundamentales de todo realismo se pueden enunciar como sigue:
La razón por la que el término realismo se aplica a corrientes filosóficas muy diferentes entre sí es la naturaleza del objeto. Puede ser material, pero también un objeto espiritual, una creación matemática, una idea, una teoría científica etc.
Análogamente, las posturas no realistas defienden que el objeto sólo existe en nuestra mente, o bien que ni siquiera tiene sentido hablar de que dicho objeto exista. Como posturas no realistas en algún sentido dado encontramos los idealismos, el instrumentalismo, el nominalismo, etc.
El uso más antiguo del término es en contraposición al nominalismo y al conceptualismo y referido al problema de los universales. El realismo sostiene que los universales son realidades independientes de las cosas. El conceptualismo es un realismo moderado en el que los universales son realidades en la mente y, aunque carecen de existencia independiente, tienen su fundamento en las cosas existentes. El nominalismo afirma que los universales no existen en absoluto, son flatus vocis, palabras que utilizamos para describir grupos de objetos.
Con arreglo a estas categorías, la teoría de las Ideas de Platón se denominó realismo platónico ya que asumía la existencia de universales. Pero no hay que perder de vista que se trata de una denominación aplicada en siglos posteriores a Platón y que se trata de una simplificación de sus ideas. Algo similar se puede decir de Aristóteles, al que se denominó realista moderado, aunque esto en realidad es más adecuado para el aristotelismo tomista medieval.
A partir del Renacimiento y, principalmente, de la edad moderna el realismo entró en crisis en la filosofía ante el empuje de los idealismos. El realismo metafísico defendía que el ser (las cosas) tiene existencia independiente de la conciencia. El realismo gnoseológico (que se ocupa del modo de conocer las cosas) afirmaba que, en contraposición al idealismo transcendental de Kant, nos es posible conocer las cosas sin que nuestra conciencia imponga sus categorías.
En la edad contemporánea el realismo ha recuperado prestigio entre los filósofos. El principal responsable quizá sea el neorrealismo que nació a finales del siglo XIX en los países anglosajones.
El realismo ingenuo se identifica con el naturalismo filosófico en el sentido de que el punto de partida es la existencia de la naturaleza. Es la posición intuitiva, del "sentido común".
El realismo crítico afirma que existe la cosa en sí, pero que el objeto inmediato de conocimiento no es necesariamente ésta, sino un conjunto de cualidades pertenecientes a la cosa.
Para el realismo absoluto no hay diferencia, ni puede haber, entre el objeto de conocimiento y la cosa en sí. El realismo materialista del materialismo dialéctico es un tipo de realismo absoluto que ha sido desarrollado por los seguidores de Karl Marx, fundamentalmente Lenin. Añade la tesis de que nuestro conocimiento no es invariable, y siempre hay que razonar dialécticamente.
El neotomismo defiende un realismo no naturalista. Existe la cosa en sí independientemente de nosotros, pero esta existencia no se reduce a los objetos naturales, también existen los objetos espirituales.
El existencialismo analiza la existencia del hombre en el mundo, por lo que el realismo forma parte de su misma base.
En la actualidad, la controversia del realismo - antirrealismo se desarrolla fundamentalmente en filosofía de la ciencia. En esta disciplina filosófica, un rasgo particular del realismo es que no se ocupa tanto de la naturaleza o la existencia del objeto como del tipo de relación que hay entre el conocimiento y el objeto.
Pero no es sólo la cuestión de si la ciencia estudia o no la realidad. Hay varias concepciones del realismo, no excluyentes mutuamente, según hagan incapié en uno u otro aspecto. Así, el realismo epistemológico defiende que las teorías científicas proporcionan conocimiento sobre la realidad. Para el realismo ontológico la naturaleza existe, independientemente de que la ciencia pueda proporcionar conocimiento sobre ella.
Otras variantes del realismo en filosofía de la ciencia están relacionadas con la verdad. El realismo semántico defiende que las teorías científicas son verdaderas o falsas según su correspondencia con la realidad. Según el realismo progresivo el avance de la ciencia nos permite un mejor conocimiento de la realidad.
Karl Popper y Mario Bunge son defensores estrictos del realismo de la ciencia. Los realistas en sentido fuerte defienden que las teorías y conceptos científicos nos proporcionan conocimiento sobre la realidad porque hay algún tipo de relación de correspondencia entre las teorías científicas y la naturaleza. Mario Bunge analiza los problemas de diversas epistemologías, desde el racionalismo crítico popperiano hasta el empirismo, el neopositivismo, el subjetivismo o el relativismo. Se considera un realista crítico que ve la ciencia como falible (el conocimiento del mundo es provisional e incierto), pero aún así afirma que la realidad existe y es objetiva.
Larry Laudan y Ronald N. Giere presentan una postura intermedia entre el realismo y el subjetivismo estrictos. Giere afirma que referencia a la realidad debe valorarse caso por caso porque el grado de realismo varía entre las ciencias o, al menos, en algunas de ellas resulta más sencillo encontrar su correspondencia con la realidad. Así, la astronomía y la biología poseen un grado de realidad muy elevado, mientras que la mecánica cuántica utiliza construcciones teóricas muy abstractas.
El realismo crítico de Rom Harré y Roy Bhaskar destaca que el empirismo y el realismo conducen a dos tipos diferentes de investigación científica. La línea empirista busca nuevas concordancias con la teoría, mientras que la línea realista intenta conocer mejor las causas y los efectos. Esto implica que el realismo es más coherente con los conocimientos científicos actuales.
Arthur Fine promueve la actitud ontológica natural como postura entre el realismo científico y los antirrealismos. A diferencia del realismo y del antirrealismo, la actitud ontológica natural no interpreta la verdad. Considera a ésta un concepto básico y como tal su uso y su lógica están ya categorizados, al menos parcialmente. No es necesario dar cuenta de él, ni tampoco sería posible.
Como movimientos no realistas en la ciencia encontramos el instrumentalismo, el pragmatismo, diversos tipos de fenomenología o fenomenismo y el idealismo epistemológico.
Estilo de composición o canto que intenta imitar los acentos del habla natural. Utilizado por Modest Mussorgsky.
En fotografía han existido diferentes movimientos conocidos como realismos fotográficos que han prestado mayor atención a la documentación fotográfica de la realidad en defecto de los valores estéticos de la fotografía.
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