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El Partido Socialista Obrero Español o PSOE es en la actualidad el segundo partido político más antiguo de España, superado por el Partido Carlista, fundado en 1833. Forma parte del Partido Socialista Europeo.
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El PSOE se fundó con el propósito de representar los intereses de las nuevas clases trabajadoras nacidas de la revolución industrial y ha ido cambiando su base teórica desde su fundación adaptándose a las circunstancias históricas del entorno europeo. En el Congreso de Suresnes, en 1974 abandonó las tesis marxistas, de la mano de su entonces secretario general Felipe González.
Actualmente el PSOE se encuadra ideológicamente dentro de los partidos socialdemócratas europeos.
Se fundó clandestinamente en Madrid, el 2 de mayo de 1879, en torno a un núcleo de intelectuales y obreros, fundamentalmente tipógrafos, encabezados por Pablo Iglesias.
El primer programa del nuevo partido político fue aprobado en una asamblea de 40 personas, el 20 de julio de ese mismo año.
El PSOE fue así uno de los primeros partidos socialistas que se fundaron en Europa, aunque no logró representación parlamentaria hasta el 8 de mayo de 1910, cuando la Conjunción Republicano-socialista permite a Pablo Iglesias obtener 40.899 sufragios obteniendo así el título de diputado a Cortes, siendo reelegido en 1914, en vísperas del asesinato de Jaurés, con 21.956 sufragios, esta vez presentándose por Oviedo. El 9 de abril de 1916 repetirá escaño con 18.054 sufragios. El 24 de febrero de 1918 Iglesias obtiene 27.694 votos, y por primera vez es acompañado por otros socialistas: Julián Besteiro, Andrés Saborit, Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano e Indalecio Prieto, perseguidos en 1917 por su participación en una huelga general revolucionaria.
Ha estado presente en la vida pública española desde sus inicios, con una participación directa en la lucha revolucionaria
contra el régimen de la Restauración, caso de la la huelga revolucionaria de ferroviarios de 1917, ahogada en Vizcaya, Asturias y
Madrid.
Asimismo, el PSOE fue el único partido al que se le permitió permanecer en la legalidad durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera, pues aunque Pablo Iglesias firma el
13 de septiembre de 1923 el
manifiesto contra la dictadura, como presidente del partido y de la UGT, se produjo una división en el seno del mismo ante la
actitud que debía mantenerse frente al régimen militar. Por un lado Largo Caballero y Saborit eran partidarios de una cierta
colaboración para permitir el funcionamiento del sindicato, mientras que Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos
eran contrarios a esa colaboración. La crisis finalizó con la dimisión de la Comisión Ejecutiva de Prieto tras el nombramiento de
Largo Caballero como Consejero de Estado de Primo de Rivera.
Con el advenimiento de la II República el PSOE forma parte del gobierno en el Primer Bienio. Durante el segundo bienio o Bienio Negro, algunos dirigentes del partido se involucran en los sucesos revolucionarios de Asturias, conocidos como Revolución de 1934 y ya no volvería al gobierno hasta después de comenzada la Guerra Civil, al ser nombrado Largo Caballero, presidente del mismo.
El PSOE fue ilegalizado durante el período posterior a la Guerra Civil, como lo fueron todos los demás partidos y organizaciones políticas a excepción de las pertenecientes al denominado Movimiento Nacional (el partido único FET y de las JONS y su sindicato vertical la Central Nacional Sindicalista ).
La renovación ideológica y política iniciada a comienzos de los setenta y culminada en el Congreso de Suresnes en 1974, encabezada por Felipe González y una nueva generación de socialistas, con el apoyo y la solidaridad de la Internacional Socialista, puso al PSOE en condiciones de ser protagonista activo de la transición y le permitió convertirse en una fuerza determinante en las primeras elecciones democráticas de 1977. El apoyo obtenido por los socialistas y por quienes proponían un proceso materialmente constituyente, evitó que se impusieran los que sólo pretendían la reforma de las instituciones de la dictadura. El PSOE, con sus propias aportaciones y con alguna expresa renuncia de algunos de sus postulados sensibles en aras del acuerdo colectivo, contribuyó decisivamente a alcanzar el consenso del que surgiría la actual Constitución de 1978. Desde la oposición cooperó en el desarrollo inicial de la misma y articuló una alternativa política de la que se nutrirían muchos de sus futuros proyectos.
Tras el intento golpista de 1981 el PSOE asumió, desde la oposición, el liderazgo alternativo de gobierno, contribuyendo decisivamente a la estabilidad política, a la consolidación de la transición, al afianzamiento de la democracia, fortaleciendo así las expectativas de cambio. Desde el Gobierno, al que volvería en 1982, tras un paréntesis de casi medio siglo, por medio de una arrolladora victoria electoral que expresaba los intensos deseos de cambio de la sociedad española, abrió la etapa de más intensa modernización y progreso social que ha vivido la España contemporánea.
El PSOE obtuvo la confianza de los españoles en cuatro convocatorias electorales sucesivas, 1982, 1986, 1989, 1993, las tres primeras con mayoría absoluta, llegando a gobernar consecutivamente casi 14 de los 26 años de normalidad democrática. Atesoró a lo largo de ese periodo un inmenso caudal político que le permitió transformar al país en los más diversos campos, por medio de su gestión en ayuntamientos, CC.AA. y en el gobierno de España. El Gobierno del PSOE aseguró la estabilidad democrática, en riesgo tras el intento de golpe de estado de 1981, consagró definitivamente la hegemonía del poder civil, integró a España en el proyecto de construcción europea, consiguió un amplio respeto internacional, estrechó los lazos políticos, culturales y económicos con Latinoamérica y el Magreb, se incorporó al sistema occidental de defensa y seguridad, puso en marcha el nuevo modelo político del Estado de las Autonomías, dio efectividad al reconocimiento de los derechos civiles, sentó los pilares básicos y desarrolló el Estado del Bienestar que llegaba aquí con décadas de retraso respecto de los países avanzados de nuestro entorno, modernizó la economía del país y lo dotó de infraestructuras de todo tipo, generalizó las pensiones, instituyó las no contributivas, universalizó la sanidad, generó empleo y protegió el desempleo, generó conciencia ambiental, extendió, democratizó y prolongó la obligatoriedad de la educación dos años garantizándola hasta los 16 y puso en marcha las políticas de igualdad.
El modelo socialista desarrollado a partir de 1982 por casi década y media supuso una renovación del proyecto socialista tradicional, una adaptación a la nueva realidad del momento, que se adelantó a la redefinición producida en otros países al final del S. XX y se convirtió en modelo a seguir para otros partidos socialdemócratas en la oposición o en el gobierno.
El paso a la oposición, por efecto de los errores cometidos y deficientemente afrontados, y consecuencia del desgaste de la
acción del gobierno, de la fatiga y agotamiento del proyecto político, de la debilidad del partido, subsumido excesivamente en la
gestión institucional, del acoso, rayano en la desestabilización, por parte de la oposición y de sus apoyos, dio lugar a un
gobierno de la derecha tras las elecciones generales de 1996.
En el 34 Congreso del partido, celebrado en Madrid entre los días 20 y 22 de junio de 1997, Felipe Gonzalez renunció a la
dirección del partido, siendo sustituido en la Secretaría General por Joaquín Almunia.
Preparando las elecciones generales de 2000, se convocaron elecciones primarias el 24 de abril de 1998 para elegir al candidato del partido para dichas elecciones. A estas primarias se presentaron el propio Joaquin Almunia y Josep Borrell. El elegido, por un 55% de los votos, fue Josep Borrell, aunque finalmente acabó renunciando en favor de Almunia debido al acoso mediático y a la falta de apoyo de la dirección.
Tras las elecciones generales, que ganó el PP por mayoría absoluta, Almunia se vio forzado a dimitir. En el congreso del partido celebrado en verano de 2000, fue elegido secretario general el entonces desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, en detrimento de otros candidatos del partido más conocidos.
En el año 2004 el PSOE, con Rodríguez Zapatero como candidato, ganó las elecciones generales, tres días después de los atentados del 11 de Marzo, con algo menos de 11 millones de votos.
En julio de 2004 celebró el 36 Congreso Federal donde por casi unanimidad se volvió a elegir a José Luis Rodríguez Zapatero como secretario general y se eligió la nueva Ejecutiva Federal y el resto de Órganos Federales.


