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El Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, es un área protegida de España, situada en la isla de La Palma, en la comunidad autónoma de Canarias. Se caracteriza por ser un enorme circo de 8 km de diámetro con aspecto de caldera, donde múltiples erupciones volcánicas, grandes deslizamientos, la fuerza erosiva del agua y el tiempo han ido modelando su geomorfología, convirtiéndola en un escarpado paisaje con casi 2.000 m de desnivel.
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Creación: Real Decreto de 6 de Octubre de 1954
Ampliación: Ley 4/81, de 25 de marzo
Instrumentos Jurídicos: PRUG (Real Decreto 1410/86, de 30 de mayo)
Superficie del Parque: 4.690 hectáreas (6,6% de la Isla)
Comunidad Autónoma: Canarias
Provincia: Santa Cruz de Tenerife (Provincia, España)
Isla: La Palma
Municipios: El Paso
Coordenadas: Latitud: entre 28º 40’ y 28º 46’ N. Longitud: entre 17º50’ y 17º55’ O
Redes supranacionales: ZEPA
Teléfono: 922-49 72 77/49 74 00
Altitud máxima: 2426 m.
Altitud mínima: 430 m.
Como agradecimiento por los servicios prestados en la conquista de La Palma, en 1496 los Reyes Católicos le dieron a D. Alonso Fernández un derecho para repartir las tierras y las aguas. Aunque él prefirió vivir en Tenerife, se reservó para sí uno de los mejores lugares de La Palma: Los Sauces, al norte de la capital. La Caldera se la dio a su sobrino y lugarteniente en 1502. A partir de entonces, por ventas y transmisiones hereditarias, pasó a diversas manos, y en la actualidad la propiedad de estas tierras recae en el Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte. Actualmente el Heredamiento está compuesto por cerca de 1.800 hacendados que aprovechan el agua de más de 70 manantiales y galerías de La Caldera, así como las aguas que por escorrentía llegan a Dos Aguas, una vez fuera de los límites del Parque.
Los estatutos del Heredamiento tienen a La Caldera como finca proindivisa y los socios hacendados se reparten sus aguas cada 10 días. Cada uno es propietario del caudal que sale de La Caldera durante horas, minutos y segundos, en función de las tierras agrícolas que posea o de los derechos que haya adquirido.
La Caldera siempre fue utilizada como dehesa comunal, y este uso unido a su riqueza en aguas, motivó que las autoridades locales comenzaran a pleitear por su posesión desde el siglo XVI hasta fechas recientes, sin conseguir su propósito. En 1954, el ayuntamiento de El Paso inscribió las tierras de La Caldera como municipales. En 1967, el ayuntamiento volvió a demandar la propiedad, pero fue desestimada por el Tribunal Supremo en 1970. Nuevas demandas jurídicas en 1981, 1984 y 1986 no han obtenido en los tribunales ningún resultado favorable.
Siendo la principal riqueza de la Caldera de Taburiente el agua, el Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte en sus ordenanzas dicta una estricta protección de los bosques del interior de la Caldera, prohibiendo la tala de árboles y la introducción de ganado, conscientes de que la presencia y conservación de la cubierta arbolada garantizaba la permanencia de fuentes y manantiales, así como su caudal. Gracias a esta temprana conciencia ecológica, nacida hace más de 400 años, la Caldera de Taburiente ha llegado hasta nuestros días con sus recursos naturales casi intactos, lo que ha propiciado su declaración como Parque Nacional.
En 1954 se declaró por Decreto el área de La Caldera de Taburiente como Parque Nacional, a instancias de un grupo de artistas y hombres de estudio. Pocos son los datos que se disponen sobre la existencia de presiones sociales para que tan emblemático espacio fuera declarado Parque Nacional. La primera referencia data de 1934, cuando un concejal de La Palma formula una petición de declaración de este espacio como Parque Nacional, pero esta propuesta fue rechazada, ya que La Caldera era una finca de particulares.
La ley 4/1981 de reclasificación supuso una ampliación del Parque hasta las 4.690 ha y la incorporación de una Zona Periférica de Protección que comprende 5.956 ha. El territorio protegido pudo ser mayor pero los ayuntamientos y particulares que tenían que aportar los terrenos no tomaron a tiempo los acuerdos correspondientes. Por ello la ley en uno de sus artículos permite la incorporación de nuevas fincas colindantes con el Parque en cualquier momento.
En 1986 se aprobó el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque, en el cual se establece una zonificación en relación al posible uso por los visitantes así como los accesos y principios generales que van a definir la gestión. Estos aspectos pueden ir modificándose a lo largo del tiempo, por lo cual se prevé una revisión periódica del Plan Rector.
Cuenta este Parque con 380 especies catalogadas de plantas vasculares. De ellas, Helianthemum cirae y Bencomia exstipulata están incluídas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.
La formación más característica son los pinares de pino canario, acompañado por especies tan interesantes como el amagante (Cistus symphytifolius). Además la Caldera alberga una rica flora rupícola que crece en las escarpadas paredes y roques. Es aquí donde viven los numerosos bejeques (géneros Aeonium y Greenovia), etc. La vegetación de las cumbres quizá sea la más interesante, ya que en estos lugares viven numerosos endemismos y plantas en peligro de extinción como el retamón (Genista benehoavensis), la violeta (Viola palmensis), la Bencomia exstipulata y el Echium gentianoides, estos tres últimos considerados prioritarios en la directiva Hábitat.
En la fauna vertebrada caben destacar especies de aves endémicas de la Macaronesia: la paloma rabiche (Columba junionae), el canario (Serinus canarius), la bisbita caminero (Anthus berthelotii), el vencejo unicolor (Apus unicolor) También existen tres especies de murcielagos de las cuales el murciélago de Madeira (Pipistrellus maderensis) es un endemismo de Macaronesia, o el endémico de las Islac Canarias, el murciélago orejudo (Plecotus teneriffae) También hay que destacar dos reptiles el lagarto Tizón (Gallotia galloti palmae) y la salamanquesa o perenquén (Tarentola delalandii).
Uno de los principales objetivos de gestión establecidos en el PRUG de la Caldra es la puesta en marcha de programas de rescate genético de las especies en peligro de extinción, como la violeta y el retamón, que viven en las cumbres de La Palma. Con estas dos especies pero especialmente con el retamón, se han realizado y se siguen realizando labores de protección, investigación, experimentación y seguimiento individualizado de todas sus poblaciones desde 1988. Además desde 1993 existe una base de datos informatizada con la que se pueden observar el crecimiento, daños, inicio de la madurez y preferencias ecológicas que han servido para determinar áreas idóneas en las sucesivas repoblaciones.
En la Caldera se han realizado labores de control sobre la especie Ageratina adenophora durante tres años seguidos, arrancando plantas y repoblando con especies autóctonas a principio de los noventa. Después de dos años estas zonas volvieron a colonizarse de nuevo con Ageratina. En un inventario botánico se descubrió que vivía en el 80% del Parque, incluídas las paredes, y no aparecía por encima de los 1.800 m. Por dichos motivos se desistió de su control. También Pennisetum setaceum es otra especie que está tratando de colonizar el Parque desde las partes más bajas, aunque en este caso, se está realizando la limpieza en toda la isla.


