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Surgida en el sur de Francia, fue específicamente creada para combatir la herejía (principalmente, para acabar con los cátaros, la llamada Inquisición Medieval, fundada en 1184). La política centralizadora de los Reyes Católicos requería una “paz social”, que los enfrentamientos entre la comunidad cristiana y la minoría judía y conversos hacía difíciles. La bula del Papa Sixto IV autorizaba a los Reyes Católicos a nombrar inquisidores en sus reinos, un tribunal controlado por la Corona (1478). Este tipo de inquisición se extendió por toda la península, convirtiéndose en la única institución común a todos los españoles, con excepción de la propia Corona, a quien servía como instrumento del poder real.
En España la inquisición se suprimió en 1820 durante el Trienio liberal, y aunque Fernando VII reestableció todos los cambios que en este periodo se habían realizado, la supresión de la inquisición fue lo único que dejó sin reestablecer.
Consejo de la General y Suprema Inquisición: Elaboraba instrucciones para los tribunales, examinaba informes de las vistas, ordenaba inspecciones, revisaba causas, y actuaba como tribunal para los miembros del Santo Oficio que hubiesen cometido algún crimen. El presidente era el Inquisidor general. Los demás eran prelados, letrados e inquisidores provinciales designados por el Rey.
Tribunales: Formados por inquisidores, la gran mayoría clérigos seculares con formación jurídica, además de otros funcionarios como fiscales, secretarios, alguaciles, notarios, etc.
Familiares: Sin salario fijo. Fomentaban la delación, recibían testificaciones y prendían a los acusados. A pesar de ser unos personajes odiados por la población, el hecho de estar exentos de determinadas contribuciones fiscales hizo que su número creciese de forma notable. Además, podían ir armados, tenían el privilegio de jurisdicción, y era una demostración de limpieza de sangre.
Edicto de gracia: 30 o 40 días para que el acusado confesase su culpa, y no se le aplicase pena de muerte, prisión perpetua, ni confiscación de bienes. O (según las épocas) Edicto de fe.
Delación. Convierte a todos los ciudadanos en posibles colaboradores del tribunal.
Detención: En una cárcel de la inquisición.
Investigación: Para restablecer la verdad o no de la acusación.
Reo: Incomunicado, ignoraba la identidad del delator y los cargos que se le imputaban, fomentando así la denuncia.
Secuestro de bienes: Para sufragar los gastos del proceso y mantenimiento del acusado.
Juicio. El reo contaba con un abogado defensor, que increpaba al reo a que confesase sus culpas, más que defenderle. Todo acababa en absolución o condena.
Auto de fe. Manifestación pública de la Inquisición en busca de ejemplaridad.
Si durante la investigación el reo confesaba su culpabilidad, esto era considerado prueba. Si la confesión era parcial o la evidencia defectuosa, el reo era sometido a tormento. La muerte en la hoguera era la pena máxima, para herejes reincidentes o impenitentes.


