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Conflicto internacional por la sucesión al trono de España tras la muerte de Carlos II que duró desde 1702 hasta 1713 y que se saldó con la instauración de la Casa de Borbón en España.
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El último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II el hechizado, impotente y afectado de imbecilidad murió en 1700 sin dejar descendencia. Durante los años previos a la muerte de Carlos II la cuestión de la sucesión a la corona española comenzó a pesar en la política internacional europea y se hizo evidente que España y su imperio constituía un trofeo tentador para las distintas monarquías europeas. Tanto Luis XIV de Francia como Leopoldo I de Austria estaban casados con infantas españolas hijas de Felipe IV, por lo que ambos alegaban derechos a la sucesión española.
A nivel político internacional había intereses encontrados. Por un lado Inglaterra y Holanda preveían con recelo las consecuencias que pudiera tener el que España y Francia quedasen unidas en la misma casa real y el peligro que para sus intereses pudiera suponer la emergencia de una potencia de tal orden. Por lo que estaban dispuestas a apoyar una causa contraria a la francesa. Francia, por su parte, temía que volviese a repetirse la situación de los tiempos de Carlos I de España, en la que el eje España-Austria aisló fatalmente a Francia.
El primer heredero en la lista en orden de prioridades era el principe Jose Fernando de Baviera, un heredero
perteneciente a la casa de Austria que había nacido en 1692. Luis XIV
aceptó esta disposición, pero para evitar la formación de un bloque hispano-alemán que ahogara a Francia como había sucedido en
tiempos del emperador Carlos V auspició el Tratado de Partición de La Haya. Según este tratado, a Jose Fernando
de Baviera se le adjudicaban los reinos peninsulares, exceptuando Guipuzcoa, Cerdeña, los Países Bajos y las colonias americanas, quedando el resto de territorios para
el Archiduque Carlos de Austria o bien para el Delfín de Francia.
No obstante, cuando la noticia de este tratado llegó a España, Carlos II, asesorado por sus consejeros, buscando conservar la
unidad de los dominios de la corona, nombró a Felipe de Anjou, el hijo del delfín de Francia heredero universal de todos sus
reinos sin partición alguna. El problema surgió cuando Jose Fernando de Baviera murió prematuramente en 1699 de varicela. Entonces Carlos II testó irregularmente a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV
de Francia, si bien, se estableció una cláusula por la que Felipe tenía que renunciar a la sucesión de Francia. Los
consejeros de Carlos II le habían inducido a este testamento pensando como prioridad principal en la conservación de la unidad de
la corona e imperio españoles.
Cuando se produjo la muerte de Carlos II había entonces dos pretendientes con derechos hereditarios al trono: El Archiduque Carlos de Austria, hijo de Leopoldo I y por otro lado Felipe de Borbón, duque de Anjou, hijo del delfín de Francia, nieto de Luis XIV y nombrado heredero universal de la corona española contraviniendo la legalidad teórica hereditaria por Carlos II en su testamento. Mientras se notificaba la muerte al resto de Europa, en España se esperaba con expectación la decisión de Luis XIV que tenía que optar entre aceptar la herencia o bien cumplir el tratado de partición, por el cual se desmembraba la corona española y Francia obtenía ventajas importantes además de que se evitaba una posible guerra de sucesión. El 12 de noviembre de 1700 Luis XIV hizo pública la aceptación de la herencia en una carta destinada a la reina viuda de España en la que decía:
Felipe de Borbón se dispuso a hacer uso de sus derechos y tras ser sabiamente aleccionado por su abuelo se despidió de la corte francesa y entró en España cruzando el Bidasoa por Fuenterrabía y llegando a Madrid el 18 de febrero de 1701. El pueblo madrileño, hastiado del largo y agónico reinado de Carlos II lo recibió con una alegría delirante y con esperanzas de renovación. Los primeros meses de adaptación en la austera, mediocre e intrigante corte española fueron difíciles para este joven de 17 años acostumbrado a Versalles.
La reacción de las naciones que se verían perjudicadas por este nuevo bloque no se hizo esperar. La precipitación y prepotencia de Luis XIV fueron cruciales en la provocación del conflicto. Por un lado, al poco de la jura de Felipe V, Luis XIV hizo saber que mantenía los derechos sucesorios de su nieto a la corona de Francia, y por otro lado tropas francesas, comenzaron a establecerse en las plazas fuertes de los Países Bajos, con el consentimiento y colaboración de las débiles fuerzas españolas que las ocupaban.
Esta ayuda, que en realidad era un reforzamiento de posiciones, constituía en cierto modo una provocación, y el resto de
potencias reaccionaron con la formación de una coalición internacional contra Francia. Esta coalición, llamada la Gran Alianza, cuyo tratado se firmó en
La Haya en 1701 estaba formada por: Austria, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Portugal y Saboya.
La guerra se inició al principio en las fronteras de Francia con estos países, y posteriormente en la propia España, donde se
trató de una guerra europea en el interior de España sumada a una auténtica guerra civil, fundamentalmente entre la Corona de Aragón, (partidaria del Archiduque, el cual había ofrecido
garantías de mantener el sistema federal y foral) y Castilla, (que había aceptado a
Felipe V, cuya mentalidad era la del estado moderno al modelo francés).
El primer ataque lo lanzó Italia a comienzos de 1702 contra la ciudad de Cremona, en Lombardía. Estimulado por su abuelo, Felipe V desembarcó cerca de Nápoles, pacificando el Reino de las Dos Sicilias en cerca de un mes, desde donde reembarcó para Finale desde donde fue a Milán, siendo recibido con entusiasmo también aquí, e incorporándose al ejército del Po, al mando del duque de Vendóme a comienzos de Julio. La primera batalla, en Santa Vittoria supuso la destrucción del ejército del general Visconti, por las tropas francoespañolas a la que siguió un sangriento intento de desquite en Luzzara. Su comportamiento en estas batallas fue brillante rayando lo temerario. Sumido en un nuevo acceso de su enfermiza melancolía se reembarcó y regresó a España, entrando por Cataluña y Aragón y haciendo entrada triunfal en Madrid el 13 de enero de 1703.
A su regreso le esperaban las malas noticias de que la Dieta imperial había declarado la guerra a él y a su abuelo como usurpadores del trono español. El ejército del duque de Borgoña tuvo que retirarse ante la superioridad de lord Marlborough, (El de la canción infantil Mambrú se fue a la guerra), perdiéndose Raisenwertz, Vainloo, Rulemunda, Senenverth, Maseich, Lieja, y en Alsacia, Lindau. Contrarrestaron un poco esto los éxitos del elector de Baviera, (aliado de la causa borbónica) tomando Ulm y Memmingen.
Sin embargo, lo más preocupante para la causa borbónica fue una invasión en la península. Un ejército aliado de 14.000 hombres desembarcó cerca de Cádiz en un momento en que no habían casi tropas en la península. Se reunieron a toda prisa, recurriéndose incluso a fondos privados de la reina María Gabriela de Saboya, (que en el futuro sería conocida afectuosametn por los castellanos como "la saboyana", y del cardenal Portocarrero. Sorprendentemente este ejército aliado fue rechazado. Cádiz no fue tomada y el ejército aliado reembarcó. Sin embargo una segunda tentativa en la ría de Vigo tratando de hacerse con una escuadra española que había regresado de América cargada de oro tuvo éxito, entablándose una batalla naval que se saldó con la destrucción de la flota española, aunque parece se que la mayoría del oro había sido desembarcado ya.
El panorama se ensobreció más cuando en el verano de 1703 el reino de Portugal y el ducado de Saboya, (este último reino, del padre de la Reina) se unieron a la Gran Alianza, hasta entonces formada únicamente por Inglaterra, Austria y Holanda. Portugal constituía una excelente base para operaciones en la penísula. La primera consecuencia de esto fue la decisión del emperador Leopoldo de proclamar formalmente a su hijo como Rey Carlos III de España.
El 4 de mayo de 1704 el Archiduque Carlos desembarcó en Lisboa contando con el favor del rey Pedro II de Portugal. La causa "carlista", (como fue llamándose) iba ganando adeptos. El rey Pedro II llegó a publicar un manifiesto en el que se calificaba a Felipe V de Borbón como usurpador y tirano. Carlos III efectuó un intento de invasión por el valle del Tajo, en Extremadura con ejercito angloholandés que fue rachazado por el ya considerable ejército real de 40.000 hombres que ya operaba a las órdenes del rey desde Marzo y que posteriormente recibiría refuerzos franceses y además el mando del duque de Berwick, un general brillante de origen inglés. Un segundo intento anglo-portugués tratando de tomar Ciudad Rodrigo fue también rechazado.
Por su parte los ingleses, nación que había apostado por el dominio de los mares desde hacía mucho tiempo, en realidad deseaban el desgaste de los dos contendientes, el reparto de los dominios españoles y sacar su tajada. Ambicionaban los puntos estratégicos para su comercio marítimo. En 1704 Sir G. Rooke y el Príncipe de Darmstadt intentaron apoderarse de Barcelona, empresa que se convirtió en fracaso debido a que las instituciones catalanas no se sumaron a la causa austriaca, sin embargo, de regreso, la flota consiguió tomar Gibraltar, la cual estaba defendida sólo por 500 hombres, la mayoría milicianos, al mando de don Diego de Salinas. Gibraltar se rindió honrosamente al príncipe de Darmstadt tras dos días de lucha; es decir, se rindió a tropas bajo la bandera de un rey teóricamente español, Carlos III de Habsburgo. Sin embargo el pabellón que se izó finalmente en las murallas fue un pabellón inglés. Esto fue un logro personal posterior de Rooke, e inglés sigue siendo el pabellón hasta la actualidad.
En este estado de cosas se produjo en el escenario europeo la batalla de Blenheim, en Baviera. Una gran derrota para Luis XIV en la que perdió 40.000 hombres con importantes consecuencias militares y morales para la causa borbónica.
Esta victoria aliada supuso una inyección de moral para la causa del archiduque en la península, la cual ganaba partidarios, y la misma flota que había tomado Gibraltar trasladó al Archiduque Carlos a los territorios de la Corona de Aragón y finalmente a Barcelona. Fue recibido trinfalmente a su paso por Altea y Denia.
En Cataluña la actitud de la población le era favorable por varios motivos: Por un lado el mal recuerdo que tenían los catalanes de los franceses desde la rebelión de 1648 y el recuerdo de la magnanimidad del comportamiento posterior de Felipe IV, por otro la intuición de que los Austrias siempre habían respetado en sus imperios las autonomías locales, (intuición que se vio confirmada posteriormetne con el [http://wikisource.org/wiki/Pacto_de_G%C3%A9nova|Pacto de Génova],(Texto completo en Wikisource) en Junio de 1705), actitud diametralmente opuesta al centralismo borbónico, y en tercer lugar las consecuencias económicas negativas de la Paz de los Pirineos, que serían revertidas de cerrarse esta vía favorable a la competencia francesa.
El virrey de Felipe V en Cataluña, Fernández de Velasco estaba enfrentado a la Generalitat y realizaba pocos esfuerzos por disimular sus intención de establecer una política centralista. A mediados de 1705 se desencadenó la rebelión popular.
Mientras tanto en Lisboa desembarcaba un nuevo contingente angloholanbdés a las órdenes del conde de Pererborough. Se celebró entonces una reunión, con asistencia de Carlos de Austria y el rey Pedro de Portugal en la que se acordó apostar por la unión de los reinos de la antigua Corona de Aragón, (Valencia, Aragón y condados catalanes) a la causa del archiduque. Un plenipotenciario de la reina Ana de Inglaterra, Mitford Crow firmaba con dos enviados catalanes el Pacto de Génova , a favor del Archiduque. Por medio de este pacto, los ingleses se comprometían a garantizar el sistema foral catalán fuese cual fuese el final de la contienda. (Este pacto, en teoría debía haber tenido su importancia en las negociaciones posteriores de la Paz de Utrecht 8 años más tarde, aunque posteriormente la actitud inglesa fue muy diferente, mucho más ambivalente y finalmente, al final del conflicto, los fueros catalanes serían suprimidos como ya lo habían sido los de Valencia y los de Aragon.). Además el negociador inglés se comprometía a desembarcar en Cataluña 8.000 soldados.
El 25 de agosto de 1705, transportadas por una escuadra angloholandesa de 160 barcos, tropas aliadas,(cerca de 20.000 hombres) desembarcaron cerca de Barcelona. Antes habían efectuado intentos fracasados de desembarco en Cádiz y en Murcia; y la aparición de la escuadra en Denia, (8 de Agosto) había provocado la entrega clamorosa de la ciudad y su paso por Valencia,(22 de Agosto) encendió en ella la rebelión. Ya desembarcadas en las inmediaciones de Barcelona, un golpe de mano afortunado puso en sus manos la fortaleza del Montjuïc y los realistas capitularon el 8 de Octubre, abandonando la ciudad que prácticamente se había unido en su oposición a la política intransigente del virrey Velasco. Al día siguiente, el primer Carlos III de España,(título que ostentaría durante casi 10 años) estableció su capital en Barcelona. Un mes más tarde la nobleza, las corporaciones y los representantes populares de Cataluña juraban por el Rey Carlos III. Valencia se declaró por Carlos III el 16 de Diciembre. A finales de año, en Cataluña y Valencia sólo Alicante y Rosas.
En Febrero de 1706 Felipe V partió de Madrid dejando casi desguarnecido el frente portugués, se reunió en Caspe con el mariscal francés Tessé, y con un ejército de 30.000 hombres sitió la ciudad por tierra y por mar, (escuadra del conde de Tolosa), llegando a reconquistar el Montjuïc, pero apareció en el puerto una fuerte escuadra anglo-holandesa, y, además, el ejército angloportugués por su cuenta tomaba Badajóz y Plasencia y avanzaba sobre Madrid por los valles del Duero y del Tajo. En un comportamiento según unos autores demasiado prudente, y según otros militarmente acertado los borbónicos suspendieron el asedio a Barcelona y se retiraron hacia Madrid por el sur de Francia y la ruta Irún-Burgos. En una retirada calificada por algunos autores de desastrosa. En Mayo los aliados habían tomado Ciudad-Rodrigo y Salamanca. Esto forzó al rey y a la reina a abandonar Madrid y trasladarse a Burgos con la corte. El almirante de la escuadra borbónica, marqués de Santacruz se pasaba al bando austriaco. Zaragoza proclamaba a Carlos III, quedando en Aragón sólo Tarazona y Jaca leales a la causa borbónica. Carlos III dejó Barcelona y, por Zaragoza llegó a Madrid, donde entró con un ejército extranjero siendo recibido y fue proclamado allí el 29 de junio con una frialdad que sorprendió al propio Carlos.
En el resto de frentes europeos y americanos las noticias eran igualmente desastrosas para la causa borbónica. Los borbónicos perdían Ramillies, y 15.000 soldados hechos prisioneros, con lo cual el duque de Malborough tomaba casi todo Flandes, incluyendo Bruselas, Brujas, Lovaina, Ostende, Gante y Malinas. En Italia se levantaba el asedio a Turín,(la capital de Saboya), lo cual permitía al duque de Saboya tomar Milán y Eugenio de Saboya conquistaba para Carlos III de España el reino de Nápoles.
El propio Luis XIV aconsejaba a su nieto abandonar. Sin embargo la simpatía que Felipe V despertaba en la población castellana y extremeña hizo que se levantasen nuevos ejércitos de voluntarios, a los que se sumó un cuerpo expedicionario enviado por Luis XIV bajo el mando del duque de Berwick. Un ejército dispuesto a sufrir privaciones y a vencer que expulsaría a los aliados de Castilla casi sin combates. Eso, sumado a una sublevación en Madrid que estaba en ciernes incitó a Carlos III y su ejército a abandomar Madrid y replegarse hacia Valencia. Felipe V volvió a entrar en Madrid el 4 de Octubre ante el clamor popular. Mientras Felipe entraba en Madrid, el duque de Berwick junto con el obispo Belluga, ("cuerpos francos" precursores de las guerrillas) reconquistaban Elche, Orihuela y Cartagena capturando 12.000 prisioneros.
En la primavera de 1707 un ejército aliado anglo-portugués-holandés presentó batalla al ejército borbónico en la llanura de Almansa sin conocimiento de los importantes refuerzos que éste había recibido. La victoria borbónica fue aplastante. El ejército aliado se retiró y el ejército borbónico avanzó tomando Valencia, (recuperándose Alcoy y Denia), (8 de Mayo) y Zaragoza, (26 de Mayo), y posteriormente Lérida, tomada por asalto el 14 de Octubre.(De recuerdo particularmente ingrato es el episodio de la toma y posterior incendio de Játiva), la cual había resistido hasta el 20 de Junio.
Las consecuencias polìticas de esta batalla fueron contundentes. Animado por su abuelo Luis XIV y escarmentado por los resultados de su política de compromiso previa, Felipe V encargó a un trío de consejeros los primeros pasos del establecimiento de una reforma unificadora de la Corona española. Se abolieron los fueros de Valencia y Aragón, y esto se efectuó mediante los Decretos de Nueva Planta. En Cataluña, la enconada resistencia de la plaza de Lérida le granjeó represalias particularmente humillantes que posteriormente pesarían en el ánimo de los catalanes de otras zonas; la catedral fue convertida en cuartel de la guarnición.
A pesar del envío de un ejército por el hermano de Carlos III posteriormente cayeron tambiénTortosa, (Julio de 1708), y Alicante, (Abril 1709).
Esta euforia duró poco. Los triunfos terrestres de la casa de Borbón eran contrarrestados por los triunfos marítimos debidos a la superioridad naval anglo-holandesa. En ese mismo año, 1708 se perdió la plaza de Orán y las islas de Cerdeña y Menorca.
Además, a Luis XIV la guerra en Europa le iba mal y sus enemigos le habían puesto al borde del colapso militar. Había enviado
una expedición desastrosa con la intención de restaurar a los Estuardo en Escocia. En
Oudenarde había sufrido una derrota aplastante y había perdido la ciudad de Lille. A eso había que sumar las pérdidas italianas
que habían concluído con la invasión de los estados pontificios por los Austrias y el reconocimiento de Carlos de Austria por el
papa Clemente XI. Su ejército
estaba exahusto. Comenzó a pactar una paz con los aliados, pero las negociaciones fracasaron ya que los aliados pedían la
renuncia de Felipe V al trono de Francia, renuncia que Luis XIV se negaba a pedir a su nieto.
Luis XIV dejó de enviar tropas desde Francia y además por entonces, la princesa de los Ursinos destapó una conjura entre los
duques de Orleans y Borgoña para arrebatar el trono a Felipe V. Felipe V de acuerdo con la reina "saboyana" reaccionaron frente a
Luis XIV, haciendo jurar a su heredero y recabando independencia total para regir España.
Felipe V exigio a su abuelo la destitución de su embajador en España, y también rompió con el papado que había reconocido de nuevo a Carlos de Austria, clausurando el Tribunal de la Rota y expulsando al Nuncio en Madrid.
En 1710 en Europa se está preparando silenciosamente la gran negociación para la paz. Las campañas de desarrollan exclusivamente en España. En España, Carlos tomó la iniciativa con un imponente ejército internacional con tropas valenciano-catalanas al mando del príncipe austríaco Stahrenberg. Derrotó al ejército borbónico dos veces en Almenara, volvió a tomar Zaragoza y posteriormente hizo una segunda entrada en Madrid, (Entonces fue cuando hizo su famoso comentario: "esta ciudad es un desierto" y decidió alojarse extramuros). Felipe se había retirado con su mujer y su corte a Valladolid. Este estado de cosas fue breve. Se producían mesnadas voluntarias por los campos y ciudades de Castilla, que fueron organizados en "cuerpos francos". Luis XIV desengañado de sus posibles pactos con los aliados envió al duque de Vendôme con quien, en una nueva campaña Felipe V, que marchaba y acampaba con su ejército comportándose como un auténtico "rey caudillo" al estilo de los Reyes Católicos, volvió a entrar por tercera vez en Madrid, en medio de un clamor estruendoso. Vendôme comentaría: "Jamás ví tal lealtad del pueblo con su rey". Sin mediar batalla alguna Carlos III se había retirado del hostil y frío terreno castellano, (Vendôme le había obligado a apostarse en Guadarrama), por la carretera de Aragón a invernar a Barcelona. En la retirada sus tropas saquearon iglesias lo que les granjeó el odio del pueblo.
Felipe V salió con su ejército sin perder tiempo en pos del ejército austriaco, que cometió el error de dividir sus fuerzas en la meseta de La Alcarria. En medio de la helada ventisca invernal que domina la Alcarria en invierno el ejército de Stanhope se refugió en la hoya donde está la población de Brihuega, a 85 km. de Madrid, sin asegurar las alturas que la rodeaban. El ejército borbónico no vaciló en colocar piezas de artillería en las alturas circundantes y bombardear la ciudad para desencadenar después un asalto. Al cabo de unas horas , Stanhope capituló y la plaza fue tomada junto con 4.000 prisioneros.
Esa misma noche el príncipe Stahrenberg con el resto del ejército austríaco y las tropas aragonesas, unos 14.000 hombres, llegaba de regreso para auxiliar a Stanhope y llegaba a las cercanías de Villaviciosa, a 3 km. al nordeste, señalando su campamento con hogueras para animar a los defensores de Brihuega. En la madrugada del 10 de diciembre fue avistado por los ojeadores del ejército borbón en cual salio directamente al encuentro del ejército austracista produciéndose la batalla comenzando a mediodía y terminando al anochecer con la destruccion total del ejército austracista y la fuga de Stahrenberg con 60 hombres.
En estas victorias se hizo evidente una cosa: el pueblo castellano colaboraba con entrega casi pasional con el rey borbónico. Esto colocó a los integrantes de la Gran Alianza de La Haya ante una triste evidencia de que difícilmente podrían ganar la guerra en la península, y aunque ganasen las campañas militares, las posibilidades de contar con la aceptación por el pueblo español, salvo en los reductos aferrados a la causa austracista eran muy escasas. Tras las victorias de la Alcarria Felipe V prosiguió su avance hacia Zaragoza, la cual se le entregó sin lucha el 4 de Enero de 1.714. Simultaneamente un ejército francés cruzaba Los Pirineos y tomaba Gerona.
En 1.711 murió el emperador José I, y su sucesor era el propio Archiduque Carlos. Tres días antes había muerto el Gran Delfín de Francia, padre de Felipe V, lo que colocaba a éste en una posición más cercana a la sucesión de Luis XIV, (Aún tenía delante a su hermano mayor, el duque de Borgoña y al siguiente hermano, un niño débil a quien todos auguraban una muerte temprana, llamado Luis, en este momento duque de Anjou al dejar el ducado vacante su hermano Felipe y que finalmente sería quien reinaría como Luis XV). Estos decesos dieron un giro a la situación. La posible unión de España con Austria en la persona del Archiduque podía ser más peligrosa que la unión España-Francia; suponía la reaparición del bloque hispano-alemán que tan perjudicial había sido a los otros países en los tiempos de Carlos V de España. Los demás estados europeos, y sobre todo, Inglaterra, aceleraron las negociaciones de cara a una posible paz cuanto antes, ahora que la situación les era conveniente, y comenzaron a ver las ventajas de reconocer Felipe V como rey español. Para su suerte, Francia estaba exahusta, lo que la hacía más próclive a las negociaciones. El pacto de Luis XIV con Inglaterra se produjo en secreto. Inglaterra se comprometía a reconocer a Felipe V a cambio de conservar Gibraltar y Menorca y ventajas comerciales en hispanoamérica. Las conversaciones formales se abrieron en Utrecht en Enero de 1.712 sin que España fuese invitada a las mismas en este momento.
En Febrero de 1.712 moría el duque de Borgoña, quedando sólo Luis, al cual todos consideraban como incapaz. Luis XIV deseaba nombrar regente a su hijo Felipe, pero los ingleses pusieron como condición indispensable para la paz que las dos coronas, (España y Francia) quedaran separadas. El que ocupara uno de los reinos debía forzosamente renunciar al otro.
En España por aquellos días se prudujeron escaramuzas sin importancia, aunque se reafirmó el apoyo de Barcelona a Isabel Cristina, la esposa de Carlos, (el VI, emperador de Alemania) que sehabía quedado en la ciudad al irse su marido. En el escenario europeo se produjo el 24 de Julio la derrota del príncipe Eugenio de Saboya en Denain lo que permite a los franceses recuperar varias plazas.
Finalmente Felipe V hizo pública su decisión. El 9 de noviembre de 1.712 pronuncia antre las cortes su renuncia a sus derechos al trono francés, (mientras los príncipes franceses hacían lo mismo ante el parlamento de París) lo cual eliminaba el último punto que obstaculizaba la paz.
España acuerdó paz y amistad con Inglaterra el 27 de Marzo de 1.713. El 11 de Abril se firmó la Paz de Utrecht, que tuvo como consecuencia la tan temida partición que Carlos II había querido evitar. Los países Bajos católicos, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milan quedaron en manos de Carlos III , (ahora ya emperador Carlos VI de Alemania). El duque de Saboya se anexionó la corona de Sicilia. Inglaterra se quedó con Menorca y Gibraltar, y, a costa de Francia, Terranova y la Acadia, la isla de San Cristobal, en las Antillas y los territorios del río Hudson. A eso hay que sumar sus privilegios en el mercado de esclavos, mediante el [[tratado de asiento]]. El 10 de Julio España confirmaba la Paz de Utrecht.
Austria se había quedado fuera de esta paz, ya que Carlos VI no renunciaba al trono español, y la emperatriz austríaca seguía en Barcelona. Tampoco hizo la paz España con Portugal ni con Holanda por otros motivos, pero apartada Inglaterra del conflicto la paz europea vendría en breve. Las cesiones españolas al imperio alemán no se harían efectivas hasta que Carlos VI no renunciase a sus pretensiones.
Una segunda paz entre franceses y alemanes se firmaría en Ratstadt el 6 de Mayo de 1.714.
AL intentar hacer un balance de vencedores y vencidos en el momento del tratado de Utrecht es un poco difícil hablar en términos absolutos. Inglaterra puede considerarse vencedora ya que se hizo con estratégicas posesiones coloniales y puertos marítimos que fueron la base de su supremacía futura y del imperio británico. El ducado de Saboya recibió ampliaciones que lo trasformaron en el Piamonte. El electorado de Brandemburgo recibiría ampliaciones que lo transformarían en Prusia. El lote italiano del imperio hispánico pasó a manos de Carlos VI.
La repentina muerte de su hermano había convertido por línea hereditaria al archiduque Carlos en el emperador Carlos VI de Alemania en septiembre de 1.711. Esto le obligó a trasladarse a Frankfurt para tomar posesión del trono del Sacro Imperio Romano-Germánico, y en consecuencia abandonar Cataluña, si bien dejó como regente a su mujer, la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick. Cataluña seguía vinculada a Carlos VI por el Pacto de Génova, y esperaba que sus libertades fuesen preservadas, ya fuera mediante la conservación del Principado catalán unido al Imperio alemán o por las negociaciones del emperador en Utrecht. Sin embargo la suerte de Cataluña ya estaba decidida en los preliminares del Tratado de Utrecht, entre los que figuraba un acuerdo secreto por el que los austrícacos evacuarían el principado. De esto no se informó a los representantes del gobierno Catalán, a los que la emperatriz les garantizó en repetidas reuniones la conservación de la legistación catalana.
Inglaterra pidió a Felipe V que conservase los fueros, al lo cual éste se negó, aunque prometió una amnistía general. Los ingleses no insistieron, ya que tenían prisa por que se firmase el tratado y disfrutar de las enormes ventajas que les proporcionaba. Al conocer este acuerdo, Austria accedió secretamente a un armisticio en Italia y confirmó el convenio sobre la evacuación de sus tropas en Cataluña.
Finalmente la emperatriz también se embarcó en marzo de 1.713, oficialmetne para "asegurar la sucesión" del trono alemán, quedando como virrey el conde de Starhenberg, en realidad con la única misión de negociar una capitulación en las mejores condiciones posibles, pero ni siquiera esto fue posible ya que Felipe V no aceptaba el mantenimiento de los fueros catalanes. Por otra parte, el tratado de Utrecht únicamente había incluído una cláusula por la que se concedía una amnistía general a los catalanes, pero no les permitía otra legislación que la castellana.
El gobierno catalán se componía entonces de tres instituciones: El Consejo de los Cien que se encargaba de la ciudad, la Diputación del General, o Generalidad, de atribuciones sobre todo tributarias, y la Junta de Brazos, formada por componentes de los tres estamentos clasicos y que en realidad coincidía con la Generalidad.
El 22 de Junio el conde de Starhenberg comunicó a los catalanes que había llegado a un acuerdo político con el virrey borbónico en Hospitalet, cuando en realidad lo que había hecho era entregar a los borbónicos Tarragona incondicionalmente. Tras ello, se embarcó secretamente junto con sus soldados dejando el principado a su suerte.
En Barcelona se formó la Junta de Brazos de las Cortes, de componente fundamentalmente popular, la cual decidió una defensa numantina. Mientras tanto el virrey borbónico, el duque de Pópoli sometía las ciudades circundantes y terminó pidiendo la rendición de la propia Barcelona, a lo que ésta se negó. entonces Pópoli inició un bloqueo marítimo, no demasiado eficaz, ya que era burlado por Mallorca, Cerdeña e Italia. En los siguientes meses se produjeron levantamientos en el campo que fueron rápidamente sofocados. En eso se produjo la paz de Rastadt de la que ya hemos hablado, lo cual suponía el abandono definitivo de Carlos VI, pero eso no lo supieron los catalanes hasta más tarde.
Felipe V, tras superar la muerte de su mujer, volvió a negociar con los catalanes, los cuales le exigieron ingenuamente,(desconocedores de los términos de Rastadt) la conservación de los fueros y 3.000.000 libras en compensación por daños de guerra. La ciudad había sido asediada por un ejército 40.000 hombres y 140 cañones, y Felipe V respondió iniciando el bombardeo. El asedio continuó durante 2 meses, (previamente había sufrido 9 meses de dudoso bloqueo marítimo). El 11 de septiembre de 1.714 el mariscal de Berwick ordenó el asalto y, aunque la defensa de los barceloneses fue heróica, al día siguiente se firmó la capitulación. En la defensa de la ciudad resultó herido el Conseller en cap, Rafael Casanova en circunstancias heróicas, tremolando la Bandera de Santa Eulalia para enardecer a los defensores. Pudo ocultarse y años después se acogería al perdón real, viviendo en paz hasta su muerte en San Baudilio de Llobregat.
Se disolvieron la Diputación General o Generalidad y el Consejo de los 100, siendo sustituídos por una Real Junta Superior de Justicia y Gobierno al frente de la cual se puso a José Patiño, el cual destituyó al día siguiente a los diputados, consellers y miembros de la Junta de Brazos.
Posteriormente se rindió el Castillo de Cardona, y finalmente, el 3 de julio de 1.715 se rindió el último reducto de la casa de Austria, Mallorca al caballero d'Asfeld que había efectuado un desembarcoen Felanitx. La larga guerra de casi 14 años había concluído. España había entrado en ella como un estado plurinacional y con grandes posesiones en Europa y salió de la misma como un estado centralizado siguiendo el modelo de Francia, (modelo que iba a ser mucho más difícil de aplicar en un país tan montañoso como España), y con la pérdida de la casi totalidad de sus dominios europeos.
En opinión del autor de este artículo existen unos factores personales determinantes de la victoria borbónica: Felipe de Anjou no tenía nada que perder, y por lo tanto se aferraba a la tierra heredada como si se tratase de su propia vida, a eso hay que sumar su corta edad, (17 años) cuando ciñó la corona española. Debió resultar una experiencia arrolladora tanto el cambio cultural como la elevación dignataria, y es posible que esto incidiese en su forma definitiva de reaccionar, esa dualidad melancolía-arrojo temerario. Pero está claro que se la jugó al 100% en cuerpo y alma por el país cuyo trona la fortuna le había entregado. Si no se hubiese visto obligado a renunciar al trono de Francia es posible que las cosas hubiesen sido diferentes. El archiduque Carlos de Austria tenía opciones al trono imperial de Alemania, por lo que su apego y entrega a la península ibérica fue mucho menor. En realidad sus apetencias se demostraron con el tiempo más afines al trono impeerial de Alemania. (Se invita a seguir esta discusión en la página de discusión).
También es cierto que la escasa raigambre, en términos de tiempo, de Felipe V con lo que España había sido hasta entonces le hizo aceptar sin demasiadas reticencias las abusivas condiciones de los tratados de Utrecht.


