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La Guerra de la Independencia española fue un conflicto armado que, entre 1808 y 1814, convulsionó la Península Ibérica como consecuencia de la entrada de las tropas napoleónicas en España con la excusa de invadir Portugal. El levantamiento contra el invasor fue espontáneo y popular y tiene fechado su inicio el 2 de mayo de 1808, cuando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, redacta un oficio informativo llamando a las armas para acudir en socorro del rey, Fernando VII, que estaba retenido por Napoleón.
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A finales del siglo XVIII, la Francia postrevolucionaria mantenía un litigio abierto con la Corona inglesa. Por su parte, el Reino de España también estaba enfrentado con Inglaterra. Eran los tiempos de la dolorosa derrota de Trafalgar que supuso el final de la supremacía marítima de los españoles. El enfrentamiento entre Carlos IV y su favorito, el pacense Manuel Godoy, con el heredero, Fernando VII provocaron la sucesión en la Corona española: Napoleón, consciente de la falta de entendimiento entre padre e hijo, se cita con este último en Fontainebleau y, con el pretexto de invadir Portugal, tradicional aliado de Inglaterra, firma con él un tratado de mutuo auxilio que permita a sus tropas atravesar las tierras españolas. El 18 de octubre el general Junot entra en España al mando de sus tropas.
Mientras tanto, el pueblo, descontento con gobierno de Carlos IV, se levanta en armas en el Real Sitio de Aranjuez y obliga al rey a abdicar en favor de su hijo. Era la primera vez que un levantamiento popular desposeía a un rey de España de su corona. Con la tensión entre padre e hijo en su punto más álgido y la consiguiente división en la sociedad española, Napoleón propone mediar entre los dos. Fernando VII devuelve la corona a su padre y éste obedece a Napoleón que propone que abdique en el Emperador corso, prometiendo una suculenta pensión anual para ambos y la unidad de España.
En Madrid, que había quedado bajo el mando de Murat en ausencia del rey, el ambiente se convierte en más y más hostil hacia los usurpadores. Tanto que el 2 de mayo la multitud comenzó a concentrarse ante el Palacio Real, en la Plaza de Oriente. El gentío vió como los soldados franceses secuestraban a la familia real y, al forcejear el infante Francisco con su captor, los madrileños se lanzaron al asalto de las carrozas al grito de ¡Que nos lo llevan!. Los soldados franceses recibieron la orden de repeler la revuelta con la fuerza de las armas y dispararon contra el gentío. La lucha duraría horas y se extendería por todo Madrid. Cientos de españoles, hombres y mujeres, y soldados franceses murieron en esta refriega.
Mientras tanto, los militares españoles permanecían, víctimas de la confusión reinante, acuartelados y pasivos. Tuvo que ser un capitán de Artillería, Luís Daoíz y Torres quien, alertado por las revueltas cada vez más numerosas y preocupado por las represalias de los invasores, levanta en armas a sus tropas a la calle. A él se le une el también capitán del mismo cuerpo, Pedro Velarde Santillán, quien aporta 30 hombres a las tropas de resistencia. Juntos se encierran en el Parque de Monteleón y, tras repeler una primera ofensiva francesa al mado del general Lefranc, mueren luchando heróicamente ante los refuerzos enviados por Murat.
La ventaja estratégica francesa en la capital de España facilita el trabajo a Murat y poco a poco van cayendo los diferentes puntos de resistencia. Acuchillamientos, degollamientos, detenciones... Mamelucos y lanceros napoleónicos extreman su crueldad con el pueblo madrileño. En el Salón del Prado y en los campos de La Moncloa se fusila a centenares de patriotas atendiendo al bando del general francés contra "todo español que porte armas". Esta masacre fue plasmada genialmente en los lienzos de Francisco de Goya, muy especialmente en el titulado: El Tres de Mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del príncipe Pío, trasmitiendo el horror y la crueldad del francés en la represión del alzamiento independentista.
Pronto se tienen noticias de estos sucesos en los alrededores de Madrid y es en Móstoles donde su eco resuena con mayor fuerza. Allí el consistorio municipal decide redactar un bando de alerta a las localidades cercanas y que rezaba de la siguiente manera:
La Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarla.
Pero como este bando solo llegaría a las localidades vecinas, los ediles deciden redactar otro oficio más extenso y hacerlo llegar fuera de la provincia:
Es notorio que los Franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, Después de haberse apoderado de la Augusta persona del Rey; procedamos pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los Españoles lo son.
El bando salió, portado por un postillón (correo oficial de la época) con destino a la capital de Badajoz. Llegaba a esta ciudad el 4 de mayo, levantando a su paso a las gentes contra el dominio francés. En la ciudad pacense el Comandante General de Extremadura enviaba otros oficios con destino Sevilla y Cádiz y creaba la primera Junta Regional de defensa. Cinco días más tarde el bando del alcalde de Móstoles o los subsiguientes oficios habían llegado a todos y cada uno de los puntos de España.
Los primeras revueltas, fuera de Madrid, tras el bando del alcalde y los oficios de la Junta tienen lugar el 9 de mayo en
Oviedo. Mientras tanto ha continuado la penetración de tropas francesas, que se enfrentan a los núcleos de resistencia, dirigidos
en Castilla la Vieja por el general Cuesta y en Zaragoza por el brigadier Palafox.
No obstante, la derrota de Cuesta en la localidad de Cabezón de la Sal, por el mariscal Bessières, permite la llegada a Madrid
del hermano de Napoleón que, como José I, es proclamado rey de España.
Sin embargo, no todo son victorias para las tropas francesas, ya que en Cataluña son rechazadas en Gerona y en Andalucía un gran ejército al mando del general Dupont, es ampliamente derrotado, el día 9 de julio, en la Batalla de Bailén por fuerzas del general Castaños.
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