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En 1899 nació Fermín Galán Rodríguez en San Fernando de Cádiz. Huérfano, a edad muy temprana, de un suboficial de la marina, realizó sus estudios castrenses en la Academia Militar de Toledo.
En 1924, siendo teniente de la legión, fue herido luchando en el Rif con las fuerzas españolas (por lo que le condecoraron), a las que se incorporó en 1919.
Durante la convalecencia, en el hospital de Carabanchel, escribió una novela sobre la guerra de África “La Barbarie Organizada” en la que arremetía en contra del entonces Presidente del Gobierno español, Miguel Primo de Rivera; En 1926 participó en la Sanjuanada contra la Dictadura de Primo de Rivera, circunstancia que le supuso, tras Consejo de Guerra, seis años de condena en el Castillo de Montjuich.
Dimitido Primo de Rivera, y cumplidos tres años y medio de reclusión, la amnistía de Dámaso Berenguer le llevó como capitán del ejército al Regimiento Galicia n.º 19 de Jaca.
En 1930, se puso al servicio del Comité Nacional Revolucionario, recientemente constituido por los republicanos tras el Pacto de San Sebastián.
El 12 de diciembre de 1930, Galán, en la creencia de que un levantamiento republicano iba a producirse en toda España, con los capitanes Ángel García Hernández, perteneciente al Batallón de Cazadores de Montaña La Palma n.º 8, Salvador Sediles, Luís Salinas y Miguel Gallo y un número indeterminado de paisanos se sublevó en Jaca; proclamó la república en Jaca y con 800 hombres, Galán marchó hacia Ayerbe y Huesca...
Vencidos por las tropas gubernamentales en las lomas de Cillas (Huesca), Galán se entregó en Biscarrués por no querer descargar su responsabilidad en otros.
El día 14 de diciembre, en las 9:30 horas, a los oficiales
insurrectos se les sometió a un Consejo de Guerra sumarísimo, presidido por el general Lazcano. Para Fermín Galán y Ángel García
Hernández se falló con pena de muerte y al resto de sus compañeros con reclusión perpetua. Ese mismo día, a las 14 horas, a pesar
de ser domingo, los condenados a la pena de muerte fueron fusilados junto a las tapias del polvorín de Huesca; Galán dió la orden
de fuego al pelotón de ejecución y se desplomó con un alarido de ¡Viva la República!.
Tanto la rapidez de la condena, como el hecho de que las ejecuciones tuvieran lugar en domingo, impresionaron al país de forma muy desagradable, desprestigiando aún más si cabe a la monarquía y haciendo de los ejecutados bandera del futuro régimen, que en el plazo de tres meses se instauró en España.
Durante toda la II República los retratos de Galán y de García Hernández presidieron multitud de actos, carteles y otros lugares, como: Los mártires de la república.


