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Eclesiastés

El Eclesiastés es uno de los libros del Antiguo Testamento en la Biblia, perteneciente al grupo de los denominados 'Sapienciales' o Didácticos.

En el Eclesiastés el narrador habla en primera persona, atribuyéndose el ser rey de Jerusalén con el nombre de Qohélet. La tradición atribuye este libro a Salomón, el 'más sabio de los reyes' de Israel, aunque algunos estudiosos consideran que originalmente puede haber formado parte de los libros de tradición davídica. También algunos lingüístas consideran que 'qohélet' es una palabra deformada que en un principio significa el 'pueblo', o el predicador que habla al pueblo. En cualquier caso, el Eclesiastés, como los demás libros sapienciales, recoge una serie de proverbios, dichos y reflexiones que forman parte de la sabiduría popular inscrita en la tradición religiosa judía. Desde el primer momento formó parte de los libros canónicos para el cristianismo.

Este libro de la Biblia es uno de los más citados, aunque pocos son conscientes del origen de sus frases más famosas: "vanidad de vanidades, todo es vanidad y atrapar vientos", "polvo eres y en polvo te convertirás", "las generaciones van y vienen, la tierra permanece", "todo tiene su momento bajo el sol, su tiempo la guerra y su tiempo la paz", etcétera. El narrador se presenta a sí mismo como un buscador de la sabiduría, y para ello pasa por distintas fases en las que se pone a prueba para conocerse mejor y averiguar qué es lo 'bueno' para el hombre. El enfoque del protagonista es quizás el más cercano al fatalismo y al estoicismo filosóficos de toda la Biblia, aunque continuamente el narrador remite en última instancia a Dios como fuente última de sentido de la vida.

El sentido de la existencia es el centro de las reflexiones de Qohélet. En un principio se dedica a disfrutar al máximo de los placeres; más adelante intenta saber todo lo que es posible saber. Luego medita sobre los límites de la vida, la muerte y el final; incluso toca temas de vigencia permanente, como la injusticia humana, política y social, y en muchas de sus frases se trasluce un relativismo del esfuerzo del hombre frente a la inevitabilidad de la vida y de la muerte, así como de los sufrimientos y penurias, destacando también el aparente triunfo del malvado y de la injusticia frente al aparente fracaso de los honrados y justos.

La conclusión principal del protagonista del Eclesiastés refleja el conocido concepto del 'carpe diem' desde un punto de vista judaico: disfruta del día, disfruta del momento. Quizás el mejor extracto de esta propuesta existencialista se encuentre en el capítulo 9: "Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras. En toda sazón sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza. Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol. Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te encaminas".




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