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Los derechos humanos son derechos "inalienables" y pertenecientes a todos los seres humanos. Se cree que esos derechos son necesarios para la libertad y el mantenimiento de una calidad de vida razonable.
Los derechos inalienables no pueden ser concedidos, limitados, canjeados o vendidos (por ejemplo, uno no puede venderse como esclavo). Los derechos inalienables sólo pueden ser asegurados o violados.
Los derechos humanos pueden ser divididos en dos categorías, derechos humanos positivos y negativos. Los derechos negativos pueden ser expresados como un derecho humano positivo, pero no vice versa. Por ejemplo, el derecho de un recién nacido a tener padres que lo cuiden sólo puede ser expresado positivamente.
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La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948, como respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y como intento de sentar las bases del nuevo orden internacional que surgía tras el armisticio. A los derechos recogidos en anteriores generaciones, como los derechos civiles y políticos, resultado de la lucha de la burguesía frente al poder de los monarcas absolutos, y los derechos económicos y sociales, resultado de las luchas del movimiento obrero contra la burguesía, se incorporaban los conceptos de dignidad humana, derechos de la mujer, derecho a la educación, etc.
Ha transcurrido ya más de medio siglo desde que fuera proclamada la Declaración Universal de los Derechos Humanos y una gran parte de los seres humanos no tienen todavía reconocidos sus derechos más elementales y están literalmente sometidos o abandonados a su suerte. Podemos encontrarlos en amplias zonas del planeta donde reina la más absoluta pobreza y la barbarie, pero también en las mismas ciudades de las naciones más desarrolladas. No parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a lo que moralmente están obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. Nunca antes las desigualdades y las injusticias fueron tan profundas como lo son ahora, ni han afectado tan especialmente a mujeres y niños.
Y por si fuera poco, el mundo evoluciona y emergen nuevos problemas que se añaden a los anteriores. Las consecuencias directas e indirectas de la globalización y de la migración, la influencia generalizada del neoliberalismo y primacía del sistema de mercado, los conflictos étnicos, los integrismos, los graves problemas de medio ambiente, desarrollo sostenible y conservación del planeta, el derecho al agua, el derecho a la paz y a la injerencia humanitaria, los nuevos retos de la ingeniería genética, de los sistemas de información, etc, etc. Antiguos y nuevos problemas que se suman y entrelazan y que están formando una mezcla explosiva de efectos imprevisibles que acaso no tenga vuelta atrás.
Los Derechos Humanos no son tablas de la ley esculpidas en piedra. No está todo hecho, queda mucho por hacer. La Declaración Universal de los Derechos Humanos ha de ser realmente respetada y propugnada por todas las naciones, ha de llegar a ser una realidad para todos los seres humanos y ha de mantenerse viva y adaptarse a los nuevos tiempos.
Dentro de las culturas políticas liberales modernas, los derechos humanos básicos son definidos como aquellos que pueden ser sostenidos en una sociedad que siga las dos siguientes reglas básicas:
Desafortunadamente, varios tipos de extremismo crean dificultades para esto ya sea no reconociendo los derechos en general, o simplemente pasando algunos derechos por encima para promover su propio punto de vista. Por lo tanto, el universalismo en los derechos parece presuponer liberalismo, un acercamiento tolerante y no extremo. Sin embargo, esto es de alguna forma paradójico: ¿Cómo limitaremos la libertad de aquellos que no respetan los derechos de los demás?
Isaiah Berlin, defensor del liberalismo, dijo: "La libertad total puede ser terrible, la igualdad total puede ser igual de aterradora."
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