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Conferencias de Miraflores

Antecedentes

Un oficio que Joaquín de la Pezuela, penúltimo Virrey del Perú, remite al General San Martín, el 11 de setiembre de 1820, da inicio a los intentos diplomáticos para dar término al conflicto por la independencia de América, entre España y prácticamente todos los países sudamericanos. El General San Martín, desde su Cuartel General en la ciudad de Pisco, y, con tropas en Ica y Chincha, responde:

“Deseoso pues de prestarme a todo lo que conduzca a la conclusión de ella (la guerra) siempre que no contradiga a los principios que los gobiernos libres de América se han propuesto por regla invariable, convengo desde luego en escuchar las proposiciones de V.E.”. Luego avisa al Virrey Pezuela que enviará a sus representantes, que recayó en don Tomás Guido, su Primer Ayudante de Campo y en don Juan García del Río, su Secretario de Gobierno.

Tabla de contenidos

Inicio de las Conferencias

Pezuela informa al General San Martín de la llegada de sus diputados, “los cuales han sido alojados en una decente casa de campo a las inmediaciones de esta Capital...”, el 27 de setiembre y agrega: “.... donde desde el lunes 25 comenzaron a conferenciar con los míos”.

Los diputados de Pezuela, son el Coronel del Ejército Conde del Villar y el Teniente de Navío Dionisio Capaz, y “por cuanto es de necesidad que una persona de acreditada probidad y luces concurra como secretario”, el médico de Su Majestad don Hipólito Unánue.

El día 26 de setiembre, a las cinco de la tarde y como paso y medida previa indispensable para el mejor y mayor resultado de cualquier negociación, se firma en Miraflores un armisticio. Las principales cláusulas del armisticio, son:


Luego, se da inicio a las Conferencias, con un intercambio de comunicaciones y respuestas entre los comisionados de Pezuela y los de San Martín firmadas, todas, en el pueblo de Miraflores. La primera de ellas del 26 de setiembre, invita a los patriotas a adoptar y a jurar la Constitución de la monarquía española. Los comisionados patriotas, responden al día siguiente que San Martín aceptó entrar en negociaciones siempre “que no contra-dijese, a los principios establecidos por los gobiernos libres de América, como regla invariable”. Además, continúan, el dicho General entendió, “que la cuestión que debía ventilarse no era si el Estado de Chile y el Ejército de su mando cambiarían su solemne juramento para reconocer al soberano constitucional de España, en los momentos de abrir con todas las probabilidades del triunfo una campaña en auxilio de los pueblos del Perú, cuya opinión es conocida, sino si el Excmo. Señor Virrey, mediante a haber prevalecido en la Península las ideas liberales, estaba autorizado para poner término a la guerra en esta parte de América, dando por base a su negociación el establecimiento de la Independencia Política del Perú, como el medio más seguro y oportuno de conciliar los intereses bien entendidos de españoles y americanos”.

A esto, contestan los españoles, el mismo día, manifestando su sentimiento por tal respuesta y expresando que la “Constitución española es un don divino, es un ramo de oliva enviado del cielo, para enjugar sus lágrimas” a la América en esta calamitosa época. Pero como su intención es poner de su parte todo lo que es posible para dar una solución pacífica al conflicto, proponen los siguientes artículos:


Los patriotas en contestación, dirigen un oficio a los españoles el día 28 de setiembre de 1820, en el cual justifican su rechazo al juramento de la Constitución Española, como base de negociaciones:


1º No concede perfecta igualdad de derechos y representaciones a españoles y americanos.
2º La constitución española no es obligatoria para la América, pues no concurrieron a su formación el número de sus correspondientes representantes.
3º Invita el Monarca español a los americanos a una sincera reconciliación concediéndoles tan sólo una quinta parte de suplentes en la representación actual de cortes entre tanto acudan los legítimos representantes, sobre los mismos principios constitucionales que arrancaron quejas amargas a los pueblos independientes, y pudiendo promulgarse en este intervalo, multitud de leyes contrarias a sus intereses.

Y a continuación proponen a su vez 16 artículos. En ellos repiten los presentados por los españoles con algunas variaciones, por ejemplo, los buques de guerra que vengan de España por caudales u otras cosas, no podrán ser utilizados en las hostilidades, sino después de un año de reiniciadas éstas. Proponen por su parte, que las tropas realistas del Río de la Plata se replieguen a la margen izquierda del Desagüadero, y las de Chile, en Chiloé. Que una comisión conciliadora formada de dos patriotas, dos realistas, el comandante más antiguo de las fuerzas británicas en el Pacífico, y el de los Estados Unidos, arreglará cualquier diferencia que surja, así como la indemnización que merece el gobierno de Chile por los gastos de la expedición libertadora, y los perjuicios que hayan sufrido las propiedades por la ocupación libertadora. Que la libertad de imprenta no ocasionará un rompimiento. Que el Virrey no ayudará a las tropas de Quito, mientras Bolívar negocie con Morillo. Que las hostilidades no podrán reiniciarse hasta pasados tres meses de la notificación.

Los españoles después de pensarlo dos días, responden que no tiene fundamento la queja patriota contra la constitución española y pasan a establecer 14 artículos en contestación a los de los patriotas. En ellos insisten en que San Martín regrese con sus tropas a Chile, en que los buques que mande Su Majestad no entran en la prohibición de aumentar las fuerzas pues dichos buques se limitarán a defenderse. Hacen algunas modificaciones: la comisión conciliadora sólo estará formada por los comisionados españoles y patriotas. La libertad de imprenta se restringe: “si en Chile se permitiese imprimir o dejar correr cualquier escrito contra la casa reinante en las Españas, o que atacase sus derechos”, esto ocasionará un rompimiento. El plazo para reiniciar las hostilidades será de un año después de la notificación. Por su parte agregan los siguientes puntos: durante esta tregua ni los buques chilenos podrán ostentar su bandera en los puertos de la monarquía española, ni los funcionarios usar uniforme en territorio de las Españas.

Por los dos últimos artículos del párrafo anterior, nos podemos dar cuenta que los españoles comenzaban ya a abandonar la posición condescendiente y amable de las primeras comunicaciones. Es que ya estaban convencidos de que los patriotas no cejarían en su resolución y comenzaban a temer el resultado de una campaña militar.

Al día siguiente, 1 de octubre, los diputados patriotas acusan recibo del documento anterior y avisan su regreso a Pisco, pues “habiendo llenado ya cuanto sus instrucciones les permitían”, debían dar cuenta de su labor a San Martín.

Y así terminaron en ese año las labores en el pueblo de Miraflores. El local en que se llevaron a cabo estas conferencias, no figura. Según el padre Vargas, debió ser la casa hacienda de Surquillo, hoy junto al teatro Marsano, más o menos. Pienso que siendo esta propiedad del convento de La Merced, no sería lugar muy propicio para dicha conferencia; en efecto, en las referencias que posteriormente se hacen a los ranchos que por esa época existieron, no se menciona a la dicha casa hacienda. Si en ella hubiese tenido lugar la conferencia, conservaría ese recuerdo para las generaciones venideras, que se habrían preocupado de hacerlo resaltar. En cambio, nos parece que pudo ser o bien en el Palacio de Cristal en la esquina de Progreso (hoy, calle Ernesto Diez Canseco) y San Ramón, o bien en la ya destruida finca de Carassa, que por ser de las más antiguas, según datos del año 1839, pudieron haber existido en el año 1820.

Comunicando el fracaso de la Conferencia de Miraflores

El resultado de estas negociaciones lo leeremos del oficio que San Martín dirigió a Pezuela el 4 de octubre de 1820:

“Son las 6 de la tarde y esta mañana llegaron mis diputados por cuyo conducto quedo instruido de las proposiciones a que se han extendido los de V.E. Nunca esperé después de las protestas pacíficas en que abundaban las comunicaciones de V.E. que el resultado de las aperturas fuese tan diametralmente opuesto a mis más sinceros deseos, suficientemente manifestados por mis diputados. Pero ya que ha sido “imposible conciliar las ideas de V.E. con las intenciones de América en general, con las del gobierno de Chile y las de las Provincias Unidas y con el honor del ejército que mando, me es sensible verme en la necesidad de librar al éxito de mis armas, el destino de los pueblos, cuya independencia he venido a proteger”.

El por qué de esta falta de conciliación, la encontramos en el manifiesto que San Martín hace al pueblo peruano, sobre el resultado de las negociaciones el 13 de octubre de 1820:

“Las proposiciones del Virrey de Lima, han sido o totalmente inadmisibles o desnudas de una verdadera garantía”.

Este lenguaje serio y preciso del General argentino en su manifiesto, contrasta grandemente con el tono agresivo e insidioso empleado por los diputados del Virrey en su manifiesto aparecido en La Gaceta Extraordinaria del gobierno de Lima; no deberían los españoles andar tan seguros de la victoria cuando olvidando sus diplomáticos términos, estallan así al fracasar las negociaciones:

“Rasgóse al fin el mal tendido velo de maldad e hipocresía con que traidoramente aún querían encubrirse los jurados enemigos del orden”. Ahí los patriotas pasan a ser “unos temerarios abrumados la mayor parte de delitos, proscritos de su país los unos, sin hogar otros, alucinados muchos, algunos comprometidos y todos sin patria”.

La causa del fracaso, la expresan así: “Tal vez no tienen país a que regresar, quizá Chile los despidió de su seno a la manera que se extraen las víboras emponzoñadas de el que se las encontró en el suyo sin oprimirlas, para evitar su mortal picadura”, por lo tanto, “no prestan oído a otras proposiciones, nada oyen más que el eco de su desesperación”.

Conferencias de Punchauca

Pero si por ese año se acabaron las negociaciones en Miraflores, cuando más tarde en un segundo intento se reúnen los conferencistas en Punchauca, la insalubridad del clima, la distancia de dicho sitio a la Capital, hace recordar el pequeño pueblo acogedor que sirviera para este oficio un año antes y la Conferencia iniciada en Punchauca, finaliza en Miraflores.

El 8 de junio, los diputados del Virrey La Serna, Manuel del Llano, José María Galdiano, Manuel Abreu, con su secretario Francisco Moar y los diputados de San Martín, Tomás Guido, Juan García del Río, José Ignacio de La Rosa, con el secretario Fernando López Aldana, reinician la Conferencia de Punchauca interrumpida el último día de mayo.

Están sesionando desde el 8 de junio, pues el 20 continuarán las negociaciones a bordo de la fragata “Cleopatra”. En estos diez días los acuerdos interesantes que toman, son:


También es interesante la nota del 18, dirigida por los diputados patriotas a los diputados españoles para que consulten al Virrey sobre canje de prisioneros. El contenido de los otros documentos atañe directamente a la Conferencia de Punchauca, y se ve al estudiar ésta.

El resto de la historia, es conocida: el fracaso de las negociaciones, que dieron como resultado, la Campaña Militar de la Expedición Libertadora en Perú, con el epílogo de las Batallas de Junín y Ayacucho.

Sobre la Bandera del Perú

A propósito de la Bandera del Perú, dejando de lado la romántica historia aprendida en el colegio sobre el hecho que San Martín se durmió y "soñó", con aves blancas y rojas y creó la "primera bandera nacional", agregaré que ni la soñó ni fue la primera.

No la soñó porque la zona de desembarco de San Martín en la bahía de Paracas en la provincia de Pisco de la región Ica en el Perú, es un paraíso para las aves migratorias y aparte de otras especies, está llena de "parihuanas", que tienen en el pecho y torso, plumas blancas y en las alas, plumas rojas. Así que las vió y en ellas se inspiró.... Conclusión: no la soñó, bueno... tampoco la copió.

En cuanto a que fue la "Primera Bandera", también parece ser que es falso eso. La primera bandera peruana se usó en la ciudad de Tacna en 1820, antes del desembarco del general San Martín. El primero en izarla fue el almirante Miller, un marino inglés, que apoyaba la causa de la independencia. Esta bandera se perdió pero quedó su descripción: era azul marino en su totalidad, con un sol dorado en el centro de la misma. Así que la bandera de San Martín, vendría a ser la segunda Bandera y la que se usa hoy, la cuarta.


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