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La combustión espontánea es la incineración del cuerpo de una persona sin la aparente presencia de una fuente externa de ignición. Aunque la causa de tal combustión ha sido durante muchos años un completo misterio, en general hoy se acepta que su causa más probable es un fuego con efecto mecha. El efecto mecha se discute más abajo.
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Hay muchas características que distinguen juntas una combustión espontánea de otros tipos de fuego.
Al tener más de un 75% de agua, el cuerpo humano no arde muy bien. Sin embargo, en muchos casos de combustión espontánea, los cuerpos de las víctimas fueron reducidos a cenizas. Para llegar el cuerpo a tal estado se necesitan temperaturas de más de 1.700°C. Incluso en los modernos crematorios, que alcanzan temperaturas cercanas a los 1.100°C, los huesos no se consumen completamente y tienen que ser molidos.
Muchos asesinos han intentado quemar a sus víctimas (de hecho, muchos han intentado encubrir sus crímenes simulando una combustión espontánea). Sin embargo, en cuanto el acelerante se consume la víctima deja de arder. Así ocurrió en el caso de Adolf Hitler, cuyo cuerpo fue quemado tras suicidarse. Sin embargo, su cuerpo era aún fácilmente identificable a pesar de haberse usado más de 20 litros de carburante. Además, las investigaciones forenses no revelaron el uso de ningún acelerador en supuestos casos de combustión espontánea.
Por supuesto, como con todo fenómeno paranormal aparente, hay cierto número de teorías que intentan explicar cómo sucede la combustión espontánea. La mayoría tiene una base científica, algunas no:
El autoproclamado experto en el fenómeno Larry Arnol (autor de Ablaze, un libro sobre la combustión espontánea), que ha investigado el tema durante 30 años, postula que el fuego es provocado por partículas llamadas piratrones. Los piratrones, afirma, son "partículas subatómicas" que provocan una explosión nuclear en el cuerpo. Esta teoría es rechazada por la comunidad científica.
El efecto mecha afirma esencialmente que una persona resulta quemada por su propia grasa tras haber sido prendida, accidentalmente o de otra forma. Un cuerpo humano vestido es como una vela vuelta del revés: la grasa humana (la fuente de combustible) está dentro y las ropas de la víctima (la mecha) está fuera. Se produce así un suministro constante de combustible, a medida que la grasa que se derrite empapa las ropas de la víctima.
Usando un cerdo muerto envuelto en una manta y situado en una habitación simulada, la BBC propuso demostrar la teoría del efecto mecha en su programa de televisión científico QED. Se vertió una pequeña cantidad de gasolina sobre la manta como acelerante. Tras prender la gasolina, los investigadores dejaron arder la manta por sí misma. La temperatura del fuego fue medida regularmente y era de sólo unos 800°C. A medida que el fuego quemaba la piel del cerdo, derretía su grasa subcutánea, que fluía hasta la manta. La médula ósea, que contiene gran cantidad de grasa, también contribuyó al fuego. El mobiliario de alrededor no sufrió daños, aunque se fundió la carcasa de plástico de una televisión situada sobre un aparador. El fuego hubo de ser apagado manualmente después de siete horas, cuando la mayor parte del cuerpo del cerdo había sido reducida a cenizas.
Con este experimento, los investigadores de la BBC explicaron las siguientes características de la combustión espontánea:
Este experimento también fue reconstruído en el episodio 117 (Face Lift) de la serie de televisión CSI para explicar la probable causa de la muerte de una mujer que quedó reducida a cenizas en su propio hogas mientras el resto de la casa quedó intacto.
Charles Dickens usó la combustión espontánea como un recurso argumental en su novela La casa desierta (1853), lo que atrajo la atención sobre el fenómeno.


