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Cayo Mario

Tras la muerta de Cayo Graco y el ascenso de la aristocracía al poder, surgió la figura de Cayo Mario o simplemente Mario; de familia pobre, ingresó en el ejército y fue ascendido a suboficial. Algunas especulaciones mercantiles y su enlace con una mujer de la Gens Julia, le permitió acceder a las magistraturas (no había podido ingresar anteriormente en las magistraturas de su ciudad a causa de su pobreza, y solo una vez enriquecido pudo acceder a las de la República). El 115 adC. fue procónsul en la Hispania Ulterior y el 107 adC. fue cónsul, y de nuevo procónsul en 106 y 105 a.C. Puesto al frente de las tropas en guerras exteriores, y triunfante, fue cónsul cinco años seguidos (104, 103, 102, 101 y 100 a.C.) pero siempre sus costumbres plebeyas le separaron de la aristocracia, sobre todo de la senatorial. El 104 a.C. las vacantes en los colegios sacerdotales, antes cubiertas por cooptación, pasaron a ser cubiertas por votación popular.

MARIO EN EL PODER

El 100 adC. el partido llamado popular, dirigido por Mario y por otros dos destacados líderes llamados C. Servilio Glaucia y L. Apuleyo Saturnino, copó las principales magistraturas (cónsul, tribuno, pretor). La colonización en África, interrumpida, se reanudó, repartiéndose lotes de cien yugadas (24,188 hectáreas o sea cinco veces más que las parcelas que podían repartirse en Italia). A los nuevos poseedores se les pagaría además los gastos de instalación a cuenta de los tesoros confiscados en las campañas militares. A la colonización en África y la Galia Transalpina se admitía a romanos e italianos sin distinción, y las nuevas colonias recibían el derecho de ciudad.

Se rebajo aun más el precio de la Annona (de costar un as y un tercio de otro por modio de 52,5 litros, se paso a 5/6 de as).

Pero los favores a los italianos llevaron a los caballeros, y a muchos romanos, al bando de los optímates. El mismo Mario se separó del ala radical de los populares y vaciló entre los dos partidos. Las violencias radicales obligaron a Mario a aceptar las ordenes del Senado y tomar el mando del Ejercito que debía poner fin a las actividades de los radicales, que fueron aplastados (99 a.C.).

Las Leyes Apuleyas (rebaja de la Annona y colonización provincial) fueron abolidas. Solo se permitió una colonia en Córcega. Las Leyes presentadas por los cónsules abolían los plebiscitos en los Comicios Tribunados. Para la presentación de una Ley (Rogatio) y su votación, debía transcurrir un plazo de dieciséis días, y las rogatio no podían incluir proyectos distintos.

El Senado había perdido poder en las provincias, pues sus procónsules o propretores se sentían vinculados a los caballeros que eran quienes formaban los jurados y comisiones per-manentes encargados de juzgarles. El poder de los Publicani (casi todos caballeros) en las provincias, se acrecentaba día a día. El procónsul que, honrado o no, se oponía a los abusos de los publicani, era acusado y juzgado por estos. Si dejaba obrar, él mismo podía enriquecer-se y además salir bien librado. Contra estos tribunales de los caballeros se desató una general oposición.

Se presentó a votación la Ley Livia (por su instigador M. Livio Druso, el Tribuno del Pueblo del años 91 a.C. perteneciente al partido popular, que la presentó). Preveía aumentar las distribuciones de Annona y la distribución del Ager publicus que aun quedaba en Campania y Sicilia. El Jurado y las Comisiones pasaban a ser competencia del Senado, el cual pasaría de trescientos a seiscientos miembros. La Ley fue votada con el apoyo del Senado (al que interesaba eliminar a los caballeros del jurado) pero la amenaza de rebelión de los caballeros obligó a anular la Ley y Druso fue asesinado. Druso había prometido la ciudadanía romana a todos los italianos.

Los Italianos se sublevaron (salvo Etruria y Umbría dominadas por la aristocracia de los caballeros) y solo algunas ciudades donde predominaba la clase media siguieron leales a la República. Los Marsos fueron los primeros en rebelarse, seguidos por la Liga de los Brucios o de los Abruzos.

Fue necesario restringir la Annona. Los Senadores y los Caballeros se aliaron (y los elemen-tos sospechosos fueron expulsados). Los populares de Roma, que antes proponían la extensión de la ciudadanía a toda Italia, apoyaron al gobierno de la República.

Los rebeldes crearon una República y transformaron la ciudad de Corfinium (hoy San Pelino), en el país de los Marsos, en capital de su Estado, con el nombre de Italia (Estado que abarcaba tal ciudad, como equivalente de Roma, teniendo como ciudades aliadas todas las otras rebeldes, y siguiendo por tanto el sistema de Ciudad-Estado vigente para Roma). Sus ciudadanos se arrogaron el derecho de ciudadanía italiana (equivalente a ciudadanía romana) extensiva a todas las ciudades rebeldes (consideradas sujetas a la Ciudad Estado de Italia y no a Roma). Se formó un Senado de quinientos miembros, con dos cónsules y doce pretores, al igual que en Roma. El idioma samnita fue declarado co-oficial junto al latín de los Marsos y Picentinos. Se emitió moneda. No era, por tanto, un Estado, sino una ciudad (como Roma) con dominio eminente sobre otras.

La guerra fue larga y difícil. El 90 a.C. una moción quitó a los caballeros la jurisdicción en los casos de alta traición para dársela a jueces de libre elección en los comicios tribunados, sin condición de clase. Poco después se concedió la ciudadanía a todos los italianos de ciudades no rebeladas, pero con restricciones para el voto. En la Galia Cisalpina las colonias latinas recibieron la ciudadanía y las ciudades confederadas recibieron una ciudadanía limitada (derecho latino), pero con la excepción de las aldeas dependientes, que quedaban sujetas a estas ciudades como tributarias pero sin ciudadanía. Así todas las ciudades de la antigua Liga Latina, las colonias latinas, y muchas ciudades confederadas de Italia, pasaron a tener la ciudadanía romana, si bien en algunos casos, y me-diante tratados especiales, algunas ciudades pudieron conservar sus instituciones, exenciones y lengua (como Nápoles, Rhegium y otras).

A propuesta de uno de los vencedores, Cayo Julio César, se aprobó la Lex Julia (90 a.C.) que concedía la ciudadanía romana a todos los soldados distinguidos en la lucha, entre ellos contingentes vascones y de otros puntos de Iberia, y a las ciudades fieles. La ciudadanía se extendió a la mayoría de los rebeldes el 89 a.C. y la revuelta concluyó unos días después.

La derrota de los rebeldes dejó a muchas ciudades en una situación irregular. Ni confedera-das ni suprimidas.

En este tiempo mucha gente contrajo deudas con los banqueros a las que no pudieron hacer frente. Se inició un movimiento a favor de la condonación de las deudas. Los banqueros (de la clase de los caballeros) se aliaron a la aristocracia senatorial. Pero también los senadores y otros integrantes de la aristocracia tenían deudas, y su caída podía arrastrar a los acreedores.

En ésta época los senadores, además de sus posesiones territoriales, tenían otras aspira-ciones: la gloria, una dignitas y una auctoritas en la ciudad, todo lo cual se obtenía mediante los “honores” (cargos), los triunfos militares, la elocuencia, el éxito en ciertas misiones y el pa-tronazgo. El dinero (grandes juegos, repartos...) es el medio para alcanzar los cargos que permitían acceder a la dignitas y auctoritas. A una escala diferente el sistema se trasladó a las ciudades, incluso de provincia. Algunos Senadores contrajeron grandes deudas.

El 88 a.C. se aprobaron leyes relativas a las deudas de los senadores (los senadores con grandes deudas quedaron excluidos), a la anulación de veredictos emitidos por ciertos jurados y sobre todo a la reorganización de los nuevos ciudadanos en las tribus y el voto para los emancipados, normalmente proletarios pero a su vez clientes de los grandes. Este conjunto de leyes llamadas Sulpicianas (por el Tribuno Popular que las propuso, llamado P. Sulpicio Rufo) encontraron la oposición del Senado cuyo líder era Lucio Cornelio Sila. Pero las leyes fueron votadas y para prevenir un intento de reacción, el mando de las tropas que debía marchar a Asia (Guerra contra Mitrídates) le fue arrebatado a Lucio Cornelio Sila y entregado ilegalmente a Cayo Mario, el antiguo líder popular. Pero Sila se rebeló y tomó Roma con sus legiones. Mario huyó a Numidia.

Otro conjunto de Leyes (conocidas por Leyes Cornelianas) fueron aprobadas en el año 88 a.C.:

- Se fijó el limite máximo de interés anual en el diez por ciento, que nominalmente ya estaba en vigor.

- Se crearon nuevas colonias.

- Se crearon trescientos nuevos senadores aristocráticos.

- Se reformaron los Comicios Centuriados asignando a la primera clase cerca de la mitad de los votos como tuvieron antiguamente.

- Se estableció una riqueza mínima prefijada para los que ejercieran ciertas magistraturas (concretamente para cónsules, censores y pretores).

- Y se restringió la iniciativa legislativa de los Comicios Tribunados (toda moción o rogatio debía ser aprobada por el Senado con carácter previo a su votación).

Sila partió para Oriente (87 a.C.). Pero Mario, gracias al apoyo de un cónsul destituido ilegalmente, llamado Lucio Cornelio Cinna, regresó desde Numidia, asumió el mando de algunas tropas sublevadas, y sitió Roma, donde estaba el cónsul Cneo Octavio, leal al Senado.

El Senado acordó conceder la ciudadanía a todas las ciudades italianas comprometidas en la rebelión; pero los samnitas y Nola, que aun seguían rebeldes, presentaron mayores exigen-cias, que el Senado rechazó. Cinna y Mario aceptaron tales exigencias y se aliaron a las ciu-dades rebeldes; además prometieron la libertad a los esclavos que se alistaran en su bando, y muchos esclavos engrosaron sus filas. El Senado hubo de rendirse y Mario, Cinna y Sertorio (lugarteniente de Mario) entraron en Roma. Se procedió a una matanza sistemática de aristócratas a los cuales se confiscaron los bienes (la matanza se extendió luego a toda Italia) de lo cual se aprovecharon principalmente los caballeros (que por ello fueron llamados sacculari o sea escamoteadores). Sila fue declarado fuera de la Ley. Mario murió el 86 adC. siendo cónsul, y Sertorio se deshizo de sus seguidores personales, básicamente esclavos, que fueron quienes perpetraron las matanzas. Cinna asumió el consulado (que ejerció durante cuatro años) y restableció las Leyes Sulpicianas y probablemente se abolieron las Leyes Cornelianas. También se suprimieron las restricciones a la Annona y se redujeron las deudas a un cuarto de la deuda real (esta ley privó a Cinna del apoyo de los caballeros).

Las provincias de Hispania Citerior, Hispania Ulterior, Galia Transalpina, Galia Cisalpina, Sicilia y Cerdeña-Córcega, eran favorables a Cinna. África, que primero se decanto por los optímates, acabó pasando también al bando de Cinna. Sila y los optímates dominaban Macedonia, mientras el resto de Asía estaba en poder, directa o indirectamente, de Mitrídates.




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