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Antonio Canova, escultor italiano. (Possagno, Italia, 1 de noviembre de 1757 - Venecia, 13 de octubre de 1822)
Tras la muerte de su padre, cuando él tenía 3 años, tiempo después su madre contrajo segundas nupcias dejándolo al cuidado de su abuelo. La familia Canova había sido rica, aunque desafortunadas especulaciones los habían arruinado. Su abuelo se vio en la necesidad de que Antonio aprendiera un oficio siendo joven, con lo cual comenzó a trabajar en una cantera. Poco tiempo después ya comenzaba a esculpir estatuillas de expresiva gracia.
Por recomendación del senador Faliero, dueño de la mansión donde su abuelo trabajaba de jardinero, en 1768, comenzó a estudiar con el escultor José Torretti en Venecia. Ahí no le faltaron temas de estudios ya que todo embelezaba su alma de artista.
Cuando tenia 16 años falleció su maestro, aunque ya no necesitaba más enseñanzas. Su protector le confió la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. Era una ardua tarea para un escultor tan joven, pero él no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras. En los años posteriores esculpió numerosos trabajos que expuso en el año 1779. En lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Decidió instalarse en Roma, en 1781 donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.
El principe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la Basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII. Durante cuatro años se consagró a esta obra sin descanso. Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, se admira en Canova, además de su arte, la "artesanía" que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vívida.
En 1792, fue inaugurado el monumento y fue para Antonio, su día de triunfo. Pero su salud estaba muy resentida por el esfuerzo de su trabajo. Hizó un corto viaje a Venecia y a su regreso a Roma comenzó su trabajo en un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al Palacio ducal de Venecia.
Él duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Lichas donde Canova ejecutó un monumento colosal que, a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una impresión de fuerza que no era que la buscaba el artista.
Ya en la cumbre de su celebridad y de la fortuna, fue llamado por Napoleón Bonaparte a Paris, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego recibió pedidos de distintos soberanos por lo que viajo a Napolés, Roma, Paris y Viena. Los amplisimos talleres que tenía no daban abasto para contener sus obras. Canova fue el encargado de reproducir los bustos de otros miembros de la familia Bonaparte, como el de Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.
Luego del destierro de Napoleón a la isla de Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a Paris por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).
El 21 de septiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad. Fallecé en Venecia al año siguiente.


